sábado, diciembre 03, 2005

ENFANT TERRIBLE

(Como todavía colea este asunto, reproduzco aquí esta columna mía publicada hace un mes)

Han resultado sonadas las declaraciones de Juan Marsé a raíz del fallo del último premio Planeta: el prestigioso novelista, miembro del jurado, afirmó que la obra premiada era sólo "la menos mala de las finalistas", y añadió que le sorprendía que un país con tantos premios literarios apenas produjera media docena de novelas aceptables al año.


Los escándalos literarios, en general, suelen resultar muy atractivos para quienes leen poco o nada. Cada nueva polémica, cada cruce de palabras destempladas entre autores, supone un nuevo argumento a favor de la acendrada convicción de que la letra escrita, digan lo que digan sus partidarios, tiene efectos más bien perniciosos. De ahí que sean muchos los escritores que, ante situaciones de esta clase, se sienten un poco heridos en su orgullo gremial. Por eso hay quien, veladamente, ha dado la razón a la criticada, María de la Pau Janer, cuando ésta afirmó que Juan Marsé no tiene ya edad para jugar a ser enfant terrible.


Pero, evidentemente, lo que está en tela de juicio no es la edad de quien hace la crítica, y mucho menos su condición de autor justamente reconocido y admirado. Si esas afirmaciones las hubiera hecho un principiante o un animoso donnadie, nadie las hubiera tomado en cuenta: hubieran sido consideradas producto de la envidia o la ignorancia, puras ganas de llamar la atención. Porque la verdad es que, en este terreno, somos todos prisioneros de una curiosa trampa circular: quien critica los premios literarios inmediatamente pasa por ser un envidioso y un resentido, incluso aunque no exista constancia de que esa persona se haya presentado jamás a premio alguno. Como afirma el poeta Carlos Marzal: la mayor recompensa que otorga un premio literario es que inviste de cierta autoridad para poder decir que los premios no tienen la menor importancia.

Pero esta vez quien ha roto el silencio es un autor de prestigio, que no desconoce el éxito y al que, además, se le tiene por persona proverbialmente afable y honesta. Quizá no tenga edad para ser enfant terrible, pero sí para que sus palabras merezcan ser consideradas detenidamente. Y lo menos que se puede decir de ellas es que son justas y certeras, no ya en lo referido a la novela (sobre la que no puedo pronunciarme) de la pobre María de la Pau, sino en lo que atañe a la novelística española reciente y a las condiciones en las que se da a conocer. El mercadeo de premios, la conversión de las editoriales en meras divisiones de grandes grupos mediáticos y la falta de autonomía de los directores literarios (algunos de ellos, escritores competentes) de esas mismas editoriales a la hora de arriesgarse a publicar novelas que no vayan a ser éxito seguro, todo eso ha viciado el normal desenvolvimiento de la narrativa española. Y ya era hora de que lo dijera alguien a quien no se le puedan reprochar segundas intenciones.

José Manuel Benítez Ariza
(Publicado en Diario de Cádiz, martes 1 de noviembre 2005)

1 comentario:

elangeldelasmilvioletas dijo...

acabo de descubrir tu blog y me ha gustado, tambien soy de Cádiz y te invito al mío.
Un saludo.