martes, diciembre 27, 2005

INSULTOS

LA secuencia fue más o menos la que sigue: el político A llamó a sus adversarios "patriotas de hojalata"; el político B, jefe de los adversarios de A, dijo que un patriota de hojalata era menos peligroso que un "bobo solemne"; C, subordinado de A, respondió que la actitud del partido de B era "canallesca"... Podríamos continuar la serie. A simple vista, el insulto que más ha llamado la atención, y el más justamente criticado y condenado, ha sido el de B: era el único dirigido a un destinatario concreto, con nombres y apellidos, que no podía ser otro que el propio A... Se comprende la indignación generalizada: el insulto afecta no sólo a la persona de A, sino a la alta magistratura del Estado que representa. El libre ejercicio de la crítica, ya se sabe, exige una cierta capacidad de contención; las críticas, por acerbas que puedan llegar a ser, no deben nunca afectar a la persona (por dignidad de ésta) ni a la institución que encarna, que es patrimonio de todos.
Esto del insulto, como se ve, es un arte difícil, que exige tino y precisión. Pero lo que más llama la atención del modo en que se insultan nuestros políticos es lo escasamente que se corresponde con el modo en que lo hace la ciudadanía. El pueblo llano rara vez alcanza el grado de insidia que puede contener un insulto entre personajes públicos; pero, cuando insulta, lo hace con toda claridad y contundencia; y esa misma contundencia, curiosamente, hace que muchos insultos entre personas corrientes resulten, en según qué casos, inofensivos o inoperantes. La mayor barbaridad pierde sentido si ha sido pronunciada por quien no tiene razones ni fundamento para atacarnos. ¿Qué más da que un desconocido pronuncie una palabra malsonante tras una maniobra de tráfico brusca? Al energúmeno se le ignora, o se le responde con otro exabrupto, y santas pascuas. No puede decirse lo mismo de esos insultos especiosos, recalcitrantes, monjiles, que manejan los profesionales de la palabra. ¿Qué significa "patriota de hojalata"? ¿A qué idiosincrasia del aludido se refiere la expresión "bobo solemne"?
Porque esto del insulto, se mire como se mire, más bien parece una cuestión de adscripción estilística. El político A tiene proclividades surrealistas: sus "patriotas de hojalata" pertenecen, en buena ley, a la gama de criaturas imaginarias nacidas de la libre asociación de palabras. B, en cambio, resulta quevediano y conceptista: las palabras se intensifican y adquieren inesperados matices en según qué asociaciones. El partido de A oscila entre la modernidad vanguardista de su líder y el casticismo de sus partidarios; el de B se escuda en las infinitas posibilidades de la retórica tradicional. Ustedes eligen.
Pero una sola cosa es cierta: cuando se insulta, lo único importante es acertar. Juzguen ustedes quién ha dado en el clavo. Para él la victoria en esta batalla insignificante.

J.M.B.A. Publicado hoy en Diario de Cádiz.

No hay comentarios: