lunes, diciembre 19, 2005

SOBRE C. S. LEWIS

A quienes nos gusta la literatura y el pensamiento de C. S. Lewis sin compartir su fe religiosa nos resulta un poco embarazoso justificar nuestra opinión. Y, sin embargo, la literatura no sería literatura si no se dieran estas paradojas: que nos guste La Ilíada sin que seamos partidarios del panteón griego y de la moral heroica, o que nos entusiasme Kipling al mismo tiempo que deploramos el colonialismo y sus implicaciones.

Conviene, no obstante, explicitar por qué nos gusta un escritor tan caracterizado ideológicamente. Hay en C. S. Lewis un fondo insobornable de liberalismo individualista, que fundamenta su radical oposición a la deriva burocrática y totalitaria del estado moderno. En la película Narnia -que no es, a la postre, sino una pobre adaptación de un hermoso mito- hay dos momentos genuinamente lewisianos: cuando el profesor anfitrión de los niños, extrañado de que éstos no crean a su hermanita cuando ésta les cuenta su aventura en el bosque escondido tras el armario, rechaza la apelación de éstos a la lógica con esta indignada pregunta retórica: "¿Pero qué os enseñan ahora en el colegio?". El otro es cuando los niños ven , aterrados, que han secuestrado a Tumnus y uno de ellos sugiere llamar a la policía; "la policía es quien lo ha hecho", le responde otro, más perspicaz. Lewis desconfía del Estado en todas sus formas, desconfía de las colectividades que exigen que uno les venda su alma a cambio de algún pretendido beneficio. Su teoría de los "círculos" es la mejor denuncia que se ha hecho de esos pequeños contubernios cotidianos a los que nos entregamos alegremente a cambio de tener la sensación de "pertenecer" a un grupo de poder, en cualquier ámbito.

Lo mejor de Lewis: sus ensayos sobre educación, sus escritos sobre literatura fantástica, su "trilogía del espacio" (que incluye That hideous strength, una magnífica novela alegórico-satírica que no tiene nada que envidiar a las de Chesterton).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado amigo:

muy interesante tu comentario sobre C. S. Lewis, ya te había escuchado hablar personalmente sobre él. Cuando leí su autobiografía "Sorprendido por la alegría", llamaba la atención la descripción que hacía de un preceptor que tuvo de niño, un positivista de lógica implacable y minuciosa, que le influyó notablemente, cosa que trasluce, por ejemplo, en su libro "Los milagros", donde desmonta los prejuicios modernos hacia estos fenómenos, y que influyó, junto a sus "Cartas del Diablo a su sobrino", en mi particular conversión. Es muy recomendable un libro que he leído, "Escritores conversos", de Joseph Pearce, donde sitúa a Lewis dentro de una dinastía de escritores que va desde Lenox hasta Greene. No me enrollo más. Feliz Navidad de nuevo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Anoto lo del libro de Pearce. Ya me dijo un amigo, católico militante, que yo sería un buen converso. Supongo que se refiere a que, pese a mi ateísmo declarado, no comparto las formulaciones groseras del ateísmo al uso, y entre mis favoritos figuran varios escritores creyentes, no porque lo sean, sino porque suelen tratar con acierto un tema de alcance mayor, a mi juicio, que la mera confesionalidad: la cuestión de la trascendencia.

Pero no se me malentienda: no estoy en vísperas de ninguna conversión. Aunque, teniendo en cuenta la clase de elementos que anda reclutando el nihilismo contemporáneo, ganas no me faltan.