miércoles, diciembre 07, 2005

UNA LIBRERÍA DE VIEJO

Terry’s, en Irishtown, Gibraltar. El librero te saluda con un sonriente "Bienvenido al caos". En el suelo hay cajas con libros destrozados y carteles que dicen: "Gratis. Para hacer sitio". Es decir, que uno puede llevarse de esas cajas lo que quiera. Naturalmente, no hay nada en ellas que merezca la pena llevarse: llama la atención la facilidad con la que los libros, tan apreciados en determinadas condiciones, se convierten en basura –y en basura de la peor clase– en cuanto esas condiciones varían. En eso se parecen a los alimentos perecederos, a los coches, a ciertas prendas de vestir.
En fin, una vez rendido el inevitable tributo a las cajas, pasa uno a los estantes. La mayoría están ocupados por colecciones de novelas populares. Hay rincones dedicados a los libros de autoayuda y a los de cocina. Hay también un interesante espacio consagrado a la literatura infantil y juvenil, donde se encuentran títulos de Kipling y Mark Twain. La literatura propiamente dicha ocupa un par de estantes altos: viejos tomos de Dickens, mucho Orwell (¿por qué Orwell?), unos cuentos de James Baldwin en un tomito que casi no hay por donde coger, de tan deteriorado; un ejemplar decente de The Catcher in the Rye... Me acerco de nuevo al librero: "¿Hay algo de poesía?" "De poesía entra algo –dice–, pero tal como llega se va". Pago el librito de Salinger y salgo del local, deseando encontrar un lavabo donde enjabonarme las manos a conciencia. Eso será en alguno de los pulcros restaurantes para turistas que se abren al otro lado de la Verja. La poesía, sí, viene y se va, amigo librero. Pero algo queda.

1 comentario:

Care dijo...

Hola. He puesto en mi blog un enlace hacia el tuyo. Espero que no te importe. Besos.