miércoles, enero 04, 2006

GARCI

El pasado 26 de diciembre se despidió el programa "Qué grande es el cine", después de diez años de emisión. Era el único espacio que la televisión estatal dedicaba al cine clásico en horario de máxima audiencia. Lo que, pese a todo, no lo ha librado de críticas, dirigidas tanto a su responsable, el cineasta José Luis Garci, como a la forma y contenido de su programa: demasiadas películas americanas, contertulios aburridos y pedantes, largas y frecuentes interrupciones publicitarias, etc. Hay que decir que algunos de estos inconvenientes tenían fácil solución: uno siempre podía grabar el programa y verlo al día siguiente, saltándose los anuncios; en cuanto al coloquio posterior, uno podía seguirlo, o no, en función de la credibilidad y simpatía que le inspirasen los invitados. En diez años hay tiempo de desarrollar estrategias y de consolidar hábitos y manías. En esto, como en casi todo lo concerciente a la televisión, es mucho lo que depende del espectador.

En cuanto al tipo de cine programado, la opción de Garci era clara: cine clásico; es decir, todo el espléndido ciclo creativo que va desde los comienzos del sonoro hasta la crisis generalizada de los grandes estudios a principios de los setenta. Cine mayoritariamente americano, hollywoodense, aunque sin olvidar las aportaciones de cinematografías tan importantes como la japonesa, la italiana o la francesa. Es lógico que esta elección haya irritado a muchos: los aficionados al cine, como los aficionados a cualquier otra manifestación artística, viven en una expectativa continua de novedades; para muchos, el estreno de una voluntariosa producción exótica supone un mayor acicate que la oportunidad de revisar, pongo por caso, la obra de Kurosawa o Billy Wilder. Muchos presuntos "entendidos" prefieren la novedad, por insustancial o coyuntural que ésta pueda ser, antes que la lección permanente que proporcionan los clásicos.

En esto Garci ha sido ejemplarmente coherente. Y su batalla, la misma que se libró, por ejemplo, en la poesía española de los ochenta cuando un grupo de poetas jóvenes de gusto clásico puso en solfa el prestigio académico y crítico del que gozaba la palabrería incomprensible y la oscuridad forzada de tanto "consagrado"; la misma que se planteó en las artes plásticas cuando alguien cayó en la cuenta de que un pintor "figurativo" tan importante como Antonio López no estaba representado en el Museo Nacional Reina Sofía.

A este respecto, la trayectoria de Garci no deja lugar a dudas: ha mostrado en televisión el mismo cine que defiende con pasión en sus escritos y trata de imitar (con acierto discutible, en fin) en sus propias películas; que no son peores, todo hay que decirlo, que las de otros directores españoles presuntamente más "modernos" y actuales y comprometidos... Es una batalla que ha librado prácticamente solo. Y eso tiene su mérito.

J.M.B.A.
Publicado en Diario de Cádiz, martes 3 de enero 2006

1 comentario:

Dorita dijo...

La última película de Garci ("Tíovivo...") se cierra con una cita del propio Director que, a modo de moraleja y conclusión de lo que acaba de explicar en imágenes, dice algo así como "Quizás en aquellos años no fuéramos más felices, pero éramos más auténticos". Se refiere a los años de miseria, destrucción y aislamiento de la Posguerra española. Para expresar la barbaridad que me sugieren las palabras de Garci, sólo se me ocurre otra frase de otra película, la que dice el personaje de Agrado (Antonia San Juan) al final de su monólogo en "Todo sobre mi madre": "Y es que una es más auténtica cuanto más se va pareciendo a lo que siempre ha querido ser"