sábado, enero 14, 2006

SOBRE EDGAR NEVILLE



DON CLORATO DE POTASA


Coincide el ciclo que el canal Cinematk dedica al cine de Edgar Neville con mi hallazgo de un ejemplar de Don Clorato de Potasa en una librería de viejo. Su lectura constituye una verdadera sorpresa. Cuánto mienten, cuánto despistan los manuales de literatura. Para ellos, esta novela no es sino una muestra del tipo de "humorismo" vanguardista que quisieron practicar lo seguidores e imitadores de Ramón Gómez de la Serna, normalmente con pobres resultados. Pero quien conozca y estime Las once mil vergas, de Apollinaire, o Ferdydurke, del polaco Gombrowicz, no dejará de reconocer en Don Clorato un pariente muy próximo a estas dos obras, a las que supera en algunos aspectos. Así, el erotismo elíptico, meramente insinuado, de la novela de Neville resulta mucho más efectivo que la explotación de la obscenidad desmedida que practica Apollinaire en la suya. Y el viaje iniciático de Clorato, su inmersión en el absurdo y el sinsentido de la vida moderna, carece de la pretenciosidad del que describe Gombrowicz. Clorato no deforma su espíritu hasta adquirir el "morro" animal de los personajes del polaco. Al final de su viaje, su espíritu ha adquirito la bendita ligereza de quien puede afirmar, sin complejos: ""Sólo me importa el estar de buen humor, el trabajar en cosas que me gusten, el controlar mi capacidad intelectual, el reírme de todo y el caer en tentaciones que realmente lo sean".

La historia comienza con la descripción de un grotesco sarao en el salón de una baronesa madrileña. La velada y los invitados evocan un mundo rancio, inelegante, zafio, desalmado e insolvente. Aristócratas, desocupados y gamberros: la flor y nata de la burguesía madrileña. Clorato y sus amigos asesinan ritualmente a la baronesa, le roban su fortuna e inician un viaje-huida que les lleva a París, donde el protagonista se enamora de una tal Odette. En una segunda parte, Odette y Clorato, temerosos de que su idilio acabe enfriándose por la costumbre y el tedio, acuerdan separarse durante un tiempo. Clorato va a Nueva York y queda fascinado por los modos de vida de la ciudad norteamericana. Tras varias peripecias eróticas (entre ellas, hacerse amante de todo un coro de revista formado por treinta y dos chicas), Clorato reencuentra a su amante.

El estilo de Neville tiene algún parecido con el de Ramón, aunque su discreción innata, su sentido de la elegancia y la mesura le llevan a no practicar el deslumbramiento sistemático que caracteriza a su modelo y maestro. Tiene Neville una prosa suelta, divertida, convenientemente salpicada de hallazgos poéticos y golpes de ingenio. El lector, sin embargo, no tiene la impresión de estar leyendo una obra de intención meramente humorística. Las aventuras de Clorato, su búsqueda de la plenitud erótica y la felicidad, dejan en nosotros una envolvente impresión de melancolía. Incluso la deslumbrante Nueva York, donde se cumplen muchas de sus fantasías, acaba confirmándole que la felicidad no dura más allá de diez minutos.

Pero qué diez minutos.


J.M.B.A.
Ilustración de Antonio de Puelles, 1993

5 comentarios:

Fernando Valls dijo...

Si te ha gustado Don Clorato, una novela excelente, en efecto (en mis clases se ha leído en más de un ocasión), te aconsejo -si no la conoces- Amor se escribe sin hache, de Jardiel. Se publicaron casi a la vez y tienen puntos en común.
Saludos

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tomo nota. Aquí también me he ocupado de Roque Six, de López Rubio.
Saludos.

Fernando Valls dijo...

Bueno, Roque Six no le va a la zaga a las dos que hemos citado. Voy a mandarte mi ed. de los Cuentos inverosímiles, de López Rubio. Son irregulares, los escribió a las 21 años, pero hay unos cuantos excelentes.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Será un placer leerlos. A mí me gustaron mucho, por cierto, los de otro coetáneo, el que firmaba "Antoniorrobles"... Es curioso que, cuando se estudia o se antologa la llamada "prosa del 27", el resultado suele ser un muestrario de los peores tics de la prosa vanguardista; y que se ignore o se postergue a todos estos escritores tan frescos y competentes.

Laguna dijo...

Leí Don Clorato con doce años, poco después que la excelente "Familia Mínguez" y "Producciones García, SA", ambas también de Neville.

Tienes toda la razón. Los libros de Literatura mienten, ignoran, pasan de largo.

Una pena.