miércoles, enero 11, 2006

"TANGAS"

A pesar del frío, se ha hablado mucho de "tangas" estos días. Un "tanga", como todo el mundo sabe, es una mínima prenda interior formada por un triángulo de tela y unos cordones. Lo difícil de explicar es para qué sirve: es una de esas prendas paradójicas que, a fuerza de ocultar, subraya y resalta lo ocultado; lo que, al fin y al cabo, no deja de ser un trampantojo inocente, en un mundo en el que la desnudez campa libremente por playas, películas, portadas y anuncios. O quizá no. Porque la notoriedad pública de uno de los 'tangas' de los que se ha hablado estos días surge, precisamente, de que se ha criticado la oportunidad y conveniencia de su exhibición. Se trata del que aparece en una fotografía del andaluz Carlos Aires, expuesta en una valla publicitaria vienesa, dentro de una muestra de imágenes encargadas a conocidos artistas europeos para celebrar la presidencia austríaca de la Unión.

La foto en cuestión enfoca directamente la entrepierna de una modelo semidesnuda, sin más cobertura que la que le proporciona un "tanga" azul decorado con las estrellas en círculo que constituyen el emblema de la Unión Europea. Una imagen, si se quiere, similar a la que hemos visto en muchos desfiles patriótico-festivos de la aparentemente puritana América, en los que suelen salir carrozas con opulentas muchachas en falda corta, o vistiendo exiguos bikinis estampados con los colores de la bandera.

Pero en Europa, al parecer, no hemos alcanzado todavía ese buen ojo de tratante de ganado con que el patriotismo americano tasa la buena salud y pujanza de su juventud. Ante la magnitud de la polémica, los responsables de la muestra optaron por retirar las imágenes controvertidas (que eran dos: la descrita y otra en la que se muestra a varias personas desnudas simulando una cópula). Las otras trescientas vallas expuestas no han suscitado, al parecer, ningún reparo. Lo que debería hacernos reflexionar, creo, sobre la desproporción de ciertas reacciones públicas: dos imágenes entre trescientas suponen menos de un 1% del total; si el otro noventa y nueve por ciento mostraba el lado 'correcto' de Europa, sus logros cívicos, sociales, culturales, etc., ¿acaso es demasiado pedir que un exiguo 1% muestre la vertiente más desvergonzada y libertina de nuestras sociedades opulentas?

Los españoles sabemos algo de eso: hasta no hace mucho, Europa era, para nosotros, un lugar donde los cines proyectaban Emmanuelle y El último tango en París. Para buena parte del mundo (incluidos los Estados Unidos, pese a sus majorettes y sus biquinis patrióticos), Europa incluye, entre otras bondades teóricas, la promesa cierta de una vida más desinhibida y libre. En otras zonas del mundo, recuérdese, las mujeres van obligatoriamente cubiertas de la cabeza a los pies. Y eso (la obligación, no la vestimenta) sí que es una indecencia.

José Manuel Benítez Ariza
Publicado en Diario de Cádiz, martes 10 de enero de 2006.
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