miércoles, febrero 15, 2006

SENTIDO COMÚN

Se habla tanto y tan gratuitamente de “sentido común” que uno acaba dudando de qué sea esa cosa. Hay quienes, frente a cualquier discreta llamada al sentido común, apelan a la autoridad o a la fuerza. Pero también hay (o quizá sean los mismos) quienes se aferran al “seamos sensatos, pidamos lo imposisible” sesentayochero como una especie de ensalmo para conjurar las exigencias del buen sentido. Últimamente he podido oír incluso una justificación "científica" de ese peculiar punto de vista: la física, me dicen, no obedece a los postulados de la lógica. Bueno. También Hitler y Stalin se apoyaban en razonamientos presuntamente "científicos". Lo que me lleva a plantearme si quienes niegan el sentido común desde ese particular punto de vista no están negando toda la tradición occidental que pone al hombre como medida de todas las cosas. Si, frente a la individualista apelación a la sensatez de juicio, a la esperanza de que el propio juicio nos proporcione la herramienta más fiable e inmediata para entender a los otros, lo contrario no tiene un cierto sabor totalitario. “Pidamos lo imposible” casi sugiere la muletilla: “cueste lo que cueste”, aunque ese coste se mida en pérdidas irreparables.

7 comentarios:

jlp dijo...

Justo antes de entrar a leer tu artículo, estaba matando el tiempo por internet y me encontré con la deliciosa historia de John Titor, un supuesto viajero del tiempo que visitó nuestra época desde el lejano (bueno, no tanto) 2036 y pasó aquí varios meses muy entretenido haciendo profecías antes de volverse a su futuro. Por la red se pueden ver fotos y planos de su máquina del tiempo y la gente todavía discute seriamente sus teorías y predicciones, como la de una gran guerra civil en los EE UU que empezaría en 2005 y cosas así. Intenta usar el sentido común para entender esto. Pidamos lo imposible: la sensatez.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No conocía la historia de John Titor. He echado un vistazo por ahí y la verdad es que, como cuento nacido del estado de ánimo colectivo, resulta muy significativo. La idea de un mundo desarrollado sumido en el hartazgo consumista y abocado a su autodestrucción no deja de ser aleccionadora: no faltan ejemplos (el riquísimo País Vasco, con su permanente conflicto civil larvado, en convivencia con un envidiable desarrollo económico y social).
Lo sensato aquí sería quedarse con la carga poética del relato, desentendiéndose de sus pretensiones de verdad.

Anónimo dijo...

La verdad sea dicha esto de la alabanza mutua entre bloggers empieza a ser un signo de decadencia. He entrado en su blogg, señor Benitez, y la verdad me asombra las películas que ud. ve. No los títulos, que comparto en admiración, sino el trasfondo de lo que dice representan. Los músicos afirman no disfrutar de la música salvo cuando la interpretan ya que sólo son capaces de ver en otra interpretación, tempos y notas. Tal vez el ver en el cine más allá de esa magia de la oscuridad, la pantalla grande y los actores, es lo mismo. Siempre mirando nuestro ombligo.

por otra parte disfruté bastante con muchos de sus artículo, llenos de sentido común.

Volveré por este sitio.

JLP dijo...

No veo tanta alabanza mutua (para eso hay blogs por ahí que ya ya...) y menos entre bloggers (qué palabra tan fea), puesto que yo no lo soy, no tengo un blog.
Vamos por partes, como diría Jack. Cualquiera va al cine y disfruta, sin más. Pero si ese cualquiera tiene además una sensibilidad especial, una inteligencia inquieta y un afán insobornable por ver más allá de las evidencias, resulta que, aparte de disfrutar como los otros, extrae consecuencias y lecturas, ve recovecos que otros quizá no se pararon a ver. No disfruta menos sino más intensamente.
Cuando uno escribe en un blog, en un periódico, en un libro o en cualquier otro lugar que, supuestamente, ha de interesar a unos lectores, debe decir algo más que "me encantó esa peli". ¿O no? ¿Por qué va a renunciar a todas las cosas que ha visto, teniendo como tiene una penetración especial? Esto vale para el cine, para la literatura o para la música. Y vale para José Manuel o para cualquier otro que tenga cosas que decir más allá de "me gustó o no me gustó". No se trata de mirarse el ombligo. Precisamente NO se trata de eso, sino de todo lo contrario: mirar más lejos, con ojos hipermétropes. Lo cual no significa abolir la magia. Es ver más magia.
Atentamente:
JLP

José Manuel Benítez Ariza dijo...

De todas formas, “Anónimo” toca una cuestión que yo también me he planteado alguna vez respecto a mis escritos sobre cine (especialmente, en las dos ocasiones en que los he reunido en libro): si no son críticas (que no lo son), ni estudios históricos o divulgativos (que tampoco), entonces ¿qué demonios son? Evidentemente, existe la posibilidad de que se reduzcan a actos de narcisismo. Asistir a historias que transcurren ante nosotros mientras nuestra conciencia está en suspensión se parece mucho a soñar. Y ya Freud dejó bien claro que la interpretación de sueños es un ejercicio narcisista. ¿Tiene uno derecho a pensar que esos sueños tienen una dimensión colectiva, y que las conclusiones derivadas de su interpretación afectan a nuestra moral de grupo, de ciudadanos, de coetáneos de un momento histórico? Quizá. Evidentemente, uno corre el peligro de desbarrar. Pero no más, en todo caso, que cualquier otro articulista que utilice otros pretextos para articular su pensamiento. Se trata de eso: de articulismo. Aunque ahora nos llamemos "bloggers".

JLP dijo...

Pido disculpas por intervenir tanto y por decir lo que pueden ser obviedades.
Si no son críticas ni estudios ¿qué son? Pues está claro: la opinión de un espectador, de uno más "autorizado" que la media. De alguien que sabe decir algo más que "me gustó-no me gustó", uno que ve "más lejos". Óptimamente, eso debería ser cualquier reseña de un libro, una película o una exposición. Y no creo que un buen espectador (o un buen lector) sea nunca alguien pasivo ante quien pasan las historias mientras él deja su conciencia en suspensión. Ese precisamente es un mal espectador, un mal lector. Tendemos a interpretar cuanto vemos porque la inteligencia no descansa, porque juntamos a lo contemplado nuestra propia experiencia personal y nuestros conocimientos. Es inevitable. La mirada nos lleva al análisis.
No veo narcisismo alguno en intentar obtener algún provecho de una obra de arte. Por ejemplo, el placer, pero también el conocimiento. Una cierta iluminación. Y no tiene nada de malo compartir esa iluminación con los demás.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No me negarás, de todas formas, que las condiciones específicas en que tiene lugar la recepción de una película -la oscuridad, el poder apabullante de la imagen, la obligatoriedad de someterse al ritmo marcado por el montaje, etc- se parecen mucho a las del sueño.
En cualquier caso, comparto tu defensa de las prerrogativas de la opinión. Y del poder iluminador de una opinión bien fundamentada.