miércoles, febrero 22, 2006

UN CUENTO

Mete uno la mano en Internet, ese lago de aguas turbias, y emerge la extraña historia de John Titor*, viajero en el tiempo. Hace unos años hubiéramos dicho que este asunto consume ríos de tinta; pero hoy no hemos encontrado aún la metáfora adecuada para describir ese mismo dispendio cuando se efectúa en caracteres de ordenador. Cascadas de píxeles negros, quizá. Sea como sea, la historia de Titor es curiosa. Durante 2001 y 2002, antes de sumirse en un enigmático silencio, Titor se presentó en Internet como un viajero venido de un futuro no muy lejano; en concreto, del año 2036. Desde su perspectiva, pues, el devenir del mundo en los próximos años no tenía secretos. En el 2008, afirmó, Estados Unidos estaría sumido en una guerra civil, cuyos primeros síntomas se manifestarían entre 2004 y 2005. Y en 2015 el mundo conocería un devastador conflicto nuclear, que no supondría la pérdida del actual nivel de desarrollo tecnológico, pero sí sumiría a la mayor parte de la población en formas de vida preindustriales. Todo esto trae hoy de cabeza a los miles de desocupados que se apasionan por el ocultismo, la futurología y demás atajos y aliviaderos de la natural incertidumbre humana.

Hay una frase de John Titor, en fin, que resulta, por lo menos, llamativa. Dice el presunto viajero del tiempo que a nuestra generación se la conocerá en el futuro como la que lo tuvo todo y decidió tirarlo todo por la borda. No sé si el tal Titor tendría o no una vena moralista. En cualquier caso, quienes se entusiasmaban con las fantasías contraculturales de hace unas décadas hubiesen encontrado estimulante esa predicción. Dentro de unos años, nos decía Titor, volveremos a vivir en el campo y cultivaremos nuestras propias verduras. Las decisiones se tomarán comunalmente, y cada uno tendrá la consideración social que merezcan sus capacidades… Con lo que resulta,en fin, que John Titor no es sino un profeta de esa misma antipática utopía antiindividualista y totalitaria con la que algunos sectores de la sociedad occidental llevan recreando su imaginación desde hace décadas.


Pero no hace falta ser hippy, radical de pasamontañas o rapado de boca de metro para entusiasmarse con estas perspectivas. Cualquier lector asiduo de periódicos habrá tenido alguno vez la sensación de que determinadas sociedades que gozan de un más que aceptable nivel de vida parecen empeñadas en jugárselo todo en nombre de determinadas aspiraciones puramente irracionales o sentimentales. Parece como si la abundancia y el hartazgo produjeran esta peculiar clase de delirios.

Pero también podemos pensar que toda sociedad tiene derecho a inventar sus cuentos, y que éstos suelen decir más del ánimo colectivo que las declaraciones sesudas de los sabios. Y éste de Titor posee el rasgo que caracteriza a los mejores del género, lo que les presta su peculiar sabor: da miedo.


José Manuel Benítez Ariza.
Publicado en Diario de Cádiz, martes 21 de febrero de 2006


*Debo esta historia a un comentario de "jlp" a mi entrada Sentido común, del 15 de febrero. Por supuesto, las opiniones derivadas del caso y su posible aplicación a la actualidad son responsabilidad mía.

1 comentario:

Vishop dijo...

Fascinante crítica.. A mí me interesó el tema de Titor navegando en el blog de un hispano que asegura ser un viajero del año 2118 y que vino precisamente para investigar a este otro viajero del tiempo. A mi me convencio a medias pero si son solo cuentos igual parece entretenido, pueden buscar en blogger por ´cronolander´, pos si no alcancé a hablar con John Titor en el foro de ArtBell este otro Titor me ha contestado algunas dudas..

un saludo.