domingo, marzo 05, 2006

CARNAVAL

Digan lo que digan los hosteleros y los concejales de fiestas, al carnaval le sienta bien la lluvia. Las máscaras mojadas adquieren una pátina siniestra, que refuerza su significado promordial: en carnaval, todos queremos ser un poco malvados, todos queremos convertirnos en acólitos del demonio que preside las fiestas. Y ese aguachirle de serpentinas e inmundicias sobre el que caminamos es la mejor representación posible del barro pecaminoso del que estamos hechos, del que apenas alcanzamos a distinguirnos por una cierta voluntad de movimiento y un principio de lenguaje (inarticulado, por supuesto). Decididamente, la lluvia ayuda al carnaval. Aunque el principal asidero del carnaval es la cuaresma: sin ella, no tiene sentido. Sin cuaresma, es carnaval todo el año. O, lo que es lo mismo, nunca.

No hay comentarios: