martes, marzo 28, 2006

EL VÍDEO

No entro a discutir el significado o las consecuencias del dichoso comunicado. Me quedo con la imagen. Espeluznante. Y risible, si no fuera porque el horror, una vez más, nos quita las ganas de reírnos. Para empezar, están los uniformes. Se supone que una organización clandestina no los usa: se les reconocería a la legua. Pero hasta los propios activistas de Eta parecen no querer que se les confunda con su desastrada parroquia. Ellos no. Ellos han querido comparecer ante el público con impecables jerseys oscuros de corte militar, con sus correspondientes insignias en el brazo. También está el detalle de las capuchas: no son simples pasamontañas de cazador, sino que están hechas de una tela fina, que cae suavemente sobre las angulosidades del rostro y refleja la luz de los focos. Se diría que son de raso. Las tres iguales, claro, evidentemente cortadas por un sastre o una costurera. Fíjense en las aberturas oculares: sesgadas, coquetamente acabadas en una comisura pronunciada, como las que algunas mujeres se dibujan con el lápiz de ojos. Y las boinas, que tampoco parecen las que cada uno de ellos gasta diariamente para proteger la cabeza de las humedades del norte, sino compradas o hechas expresamente para la ocasión.

Asombra este despliegue de coquetería. Con enmascararse hubiera sido suficiente. Pero no: se quería dar la impresión de que quienes hablaban constituían el estado mayor de un ejército. Un ejército que tiene su propia bandera: el pendón del hacha y la serpiente, sostenido por anchas bandas prendidas de un varal, como los de las cofradías, y cortado en una tela similar a la de las capuchas. ¿Seda, raso? No se han escatimado gastos. También el paño que cubre la mesa es de esa tela. Se sabe que, en muchos actos públicos, el lienzo que oculta las piernas temblorosas de los oradores está sostenido por un simple tinglado de caballetes y tablas; que no hay mesa, sino sólo un simulacro de mesa. Y eso es lo que vemos en el famoso vídeo: seguramente, tampoco hay una mesa de verdad, sino un precario entarimado. Todo es apariencia. Incluso puede que los comparecientes lo sean: no los altos mandos que fingen ser, sino meros figurones al servicio de una representación. El de en medio recita inexpresivamente el comunicado; los otros dos adoptan poses solemnes, rígidas, adecuadas a la importancia que quieren dar al momento. Pero se cansan, o se aburren, o se impacientan (ellos, acostumbrados a tirar de pistola) y en el último minuto reclinan la cabeza como si les pudiera el sueño…

Nosotros también nos aburrimos. Y bostezaríamos, si no fuera porque hay en todo esto algo que nos sube la adrenalina, que nos acelera el pulso. ¿La indignación? ¿El escepticismo? ¿La inminencia de la paz? La paz tiene extraños adalides. Y no pocas veces procede del hartazgo de los carniceros, o de la mera constatación de su impotencia.

Publicado hoy en Diario de Cádiz

1 comentario:

Sergi dijo...

Los nazarenos se cubren la cara y prolongan en un cono el hito de sus cabezas para que nadie les reconozca tampoco la estatura, para que la penitencia sea privada.

Los del vídeo en cuestión se cubren el rostro con el color del KKK y aplastan la verticalidad de su anonimato con una txapela, por que les falta estatura moral y hasta hoy la penitencia fue la del prójimo.

De todos modos, yo estoy contento, porque Euskadi se merece la paz, y del precio ya se hablará, pero barato me parece pagar mucho porque cada persona pueda vivir en libertad en esa hermosa tierra, y la verdadera libertad no es vestirse con una bandera o con otra, más bien poder decidir lo que cada quien hace con su vida sin el aliento del acero en la nuca.

Las patrias son campos vallados en los que uno tropieza si mira demasiado hacia abajo. La libertad es el mismo cielo, azul cobalto o mercurio lluvioso, pero al que uno escoge mirar, arriba, para mojarse si hace falta.

En fin, di-vago.

Un placer encontrarte por el atajo en el espacio de un conocido. Amenazo con regresar.