domingo, marzo 12, 2006

ESE GATO

Ese gato desastrado que frecuenta preferentemente las escaleras del aparcamiento subterráneo en el que algunas veces me veo obligado a dejar el coche. Las escaleras son lo que cualquier recoveco urbano: un escondrijo infecto, pintarrajeado, apestoso a orines. El gato parece una excrecencia de esa suciedad. Y, sin embargo, al verme parado, terminando una llamada telefónica antes de ingresar en el espacio estanco del subterráneo, ronda mis pantorrillas y, animado por mi pasividad, roza su lomo contra ellas. Y a ver quién se retrae ante ese acto elemental de seducción, o de cariño, o mera propuesta de simbiosis entre especies.

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