domingo, marzo 26, 2006

LAS CIEGAS HORMIGAS

La reciente notoriedad alcanzada por Ramiro Pinilla a raíz de la publicación de su trilogía Verdes valles, colinas rojas dirige mi atención hacia un ejemplar de Las ciegas hormigas disimulado en los estantes bajos de la librería de viejo de Raimundo. Ando buscando algo con que distraer la espera en la estación de autobuses y los cincuenta minutos de trayecto hasta casa, y calculo gastarme uno o dos euros: poco más que lo que me hubiese costado el periódico, cuya lectura apenas me da para veinte minutos. Cuento esto porque conviene especificar el contexto en el que se va consolidando mi creciente afición a recrearme en novelas olvidadas, descatalogadas, acaso prescindibles.

Debo decir que el ejemplar está en bastante buen estado, y sólo lo afea la sobrecubierta, cuarteada y amarillenta, como si hubiese estado durante semanas a la intemperie y la hubiera quemado el sol.

Empiezo, pues, la lectura de este viejo premio Nadal (1960) en el ruidoso y desabrido andén de la estación de Comes. Buen escenario para Faulkner. Y eso es este libro: Faulkner puro, trasladado al País Vasco. Una historia de empeños personales, de lucha entre el hombre y las fuerzas que lo desbordan, de dignidad contra un destino adverso. El estilo, algo farragoso e incluso, en ocasiones, incorrecto. Pero la historia (el empeño de unos campesinos de la costa vasca por expoliar el carbón procedente de un carguero naufragado, y el fracaso de la tentativa) está muy bien estructurada y se impone rápidamente a las objeciones de índole estilística que quiera plantearle el lector.

El mundo que retrata Pinilla es decididamente hostil y desagradable: ni siquiera lo absuelven, como en Baroja, las idiosincrasias (que no bellezas) del duro paisaje. Sus personajes se nos presentan harapientos, mal alimentados, esquinados y broncos. Sus casas son oscuras, desproporcionadas, malolientes. Los instintos en juego tienen siempre un cariz desalmado: una niña pequeña ahoga a una gata en un pozo negro, el padre mantiene insepulto durante días el cadáver de un hijo despeñado en los acantilados, para evitar atraer la atención de la Guardia Civil sobre el carbón robado… Nada hay en este mundo que merezca nuestra simpatía. Y lo que asombra de esta novela, en fin, es que mantenga nuestro interés sólo por la ciega determinación con que se suceden los acontecimientos. La cerramos con un suspiro de alivio, levantamos la vista y nos alegramos de que varias décadas y un buen número de alteraciones en el ánimo colectivo nos separen de ese mundo.

Aunque quizá no nos quede tan lejos: mientras Pinilla ultimaba su novela, la violencia ancestral que ésta describe, moderada por la presencia intrusa y mal tolerada de la Guardia Civil, estaba a punto de adoptar formas especialmente insidiosas. Tampoco esa circunstancia “extraliteraria” se puede obviar.

2 comentarios:

Iván dijo...

Le compro el libro, amigo. De hecho lo estoy buscando, pero no hay manera de encontrarlo. Esperemos que Destino se anime a reeditarlo.

Supongo que a estas alturas ya habrá leído la trilogía "Verdes valles, colinas rojas". Ramiro Pinilla me parece un escritor sobresaliente y ese estilo desaliñado supone una apuesta por una escritura hiperrealista, casi naturalista. Durante años los lectores de "Libropueblo" en Bilbao conocíamos estos libros artesanales de Pinilla por su juego literario consistente en transcribir conversaciones de la calle, con todos sus defectos, virtudes y hallazgos.

El estilo árido, rudo y poco pulido de Pinilla es el habla de la gente de esta tierra, una fotocopia brillante de su alma. Eso hace de Pinilla un escritor sobresaliente dotado de un oído poco común.

Saludos.

PabloElFlamenco dijo...

Pues, a veces se pasan bien las cosas y despues del primer comentario, el libro ya ha estado reeditado, esta vez por Tusquets. En mi afán de guirí curioso de aprender mucho sobre la guerra civil, ya había encontrado y leído "La Higuera", despues leí el primer tómo de "Verdes valles..." y despues descansé. Al momento, ya estoy pasado la mitad de "Las ciegas hormigas" y me encanta. No es que es él el estilo que a mí me encanta, pues está muy sombrio y no queda esperanza para un "happy end", claro. Pero hay que respetar que se trata de una história muy bien construida, con rigideces aldeanas, con una familia y vida ..."árida, ruda"...pienso "muy del terruño", un padre de piedra macisa, eventos de implacable realidad. Me parece estar una obra escribiendo de tiempos muy revueltos, pero ¿será así?; quizá nos equivocamos. Estoy aún curioso aprender como se va terminar el cuento, pero ya queda muy claro que a mí me place leer Ramiro Pinilla, aunque tambien me hace cierto miedo, una pavór que, en la vida, no hay lugar a disfrutar sin pagar, temprano o despues, un precio demasiado elevado.