martes, marzo 14, 2006

A PROPÓSITO DE UN DOBLE ANIVERSARIO

Para entender la realidad no podemos renunciar del todo a las teorías conspiratorias. Sin ellas, el entramado del mundo sería sencillamente inexplicable. ¿Qué tienen que ver un papa polaco y la caída del Muro de Berlín? En contra de los que reclaman siempre claridad , esta querencia de lo real a emboscarse en tramas más o menos rebuscadas resulta casi estimulante. Pero sólo casi. Porque, todo hay que decirlo, el recurso a la conjura como explicación de cualquier cosa es también un atajo intelectual, un truco de vagos que se niegan a aceptar la complejidad que a veces presentan los hechos evidentes. Y un magro consuelo de la vanidad: suponer que todo lo que sucede es obra de unos conspiradores endiabladamente listos, y que nosotros lo somos aún más por habernos percatado de ello, es de bobos. Y qué pena que esa bobería sea lo que más ruido causa hoy en la política española.

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