domingo, abril 02, 2006

EL ÁRBOL Y LAS NUECES

Un joven poeta en ciernes –Álvaro García– publica en la revista sevillana Renacimiento, en 1989, una semblanza del poeta bohemio, asesino y delincuente Pedro Luis de Gálvez (1882-1940), acompañada de una certera (y sorprendente) selección de sus sonetos. Por la misma época, el escritor Andrés Trapiello prologa una edición de la poesía de Rafael Sánchez Mazas, y poco después una versión ampliada de este prólogo-semblanza aparece en la primera edición de su libro Clásicos de traje gris.

Tanto el texto de Trapiello como el de Álvaro García formaban parte del amplio movimiento de recuperación de figuras olvidadas que tenía lugar en esos años, seguramente como un necesario intento de ampliar la perspectiva y romper los trillados esquemas en los que se basaba (y se basa, todavía) la nómina oficial de escritores españoles del siglo XX consagrados por la crítica académica y periodística. Aquella moda (restringida, en todo caso, a círculos muy minoritarios, y alejados de los grandes centros de poder editorial y periodístico) no logró variar sustancialmente el panorama recibido. Pero sí fue, a su manera, una aventura sentida como propia por toda una generación de escritores, y condicionó de algún modo su percepción de la tradición literaria, no como una grandiosa construcción heredada, sino como el resultado de muy personales e intransferibles indagaciones de lector (¿acaso puede ser de otro modo?).

En 1996 Juan Manuel de Prada publica su novela Las máscaras del héroe, basada en la vida de Pedro Luis de Gálvez. Cinco años después, Javier Cercas rescata la figura de Sánchez Mazas en su novela Soldados de Salamina. Ambas novelas son un éxito de ventas y crítica, y catapultan a sus autores a la fama literaria. No son los únicos que publican novelas sobre esta clase de personajes, pero sí los que obtienen mayor resonancia. Entre unos y otros, matan definitivamente la gallina de los huevos de oro.

La inquietud, la sensación de insuficiencia con que algunos escritores emergentes abordaban la literatura pretérita en los años ochenta sirvió de inspiración a los autores de éxito de la década siguiente. O, como dice un conocido político vasco: unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces.

5 comentarios:

JLP dijo...

No acabo de compartir el sentido de tu comentario. Suena a que autores como Cercas o Prada obraron de manera oportunista o que robaron las ideas e iniciativas de otros. La literatura siempre ha sido así y es natural. Y hasta creo que quien rescata a una figura olvidada se alegra mucho de que alguien más la aprecie. Los lectores (y los escritores) somos muy proselitistas con nuestros gustos, raramente queremos quedarnos un autor para nosotros solos.

Anónimo dijo...

"¿Joven poeta en ciernes????" Ufff, creía que el buen uso del lenguaje era una de sus características como ya he comprobado, pero en este caso se coloca Usted en un pedestal desde el que mirar a los demás. Sobra ese calificativo, creo humildemente.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Lo de "joven poeta en ciernes" no es un calificativo sobre la valía de Álvaro García, que creo que es grande, y al que admiro por más de un motivo. Era, simplemente, una alusión a su juventud cuando publicó el trabajo mencionado. En todo caso, mis disculpas por la posible imprecisión de mi lenguaje.

En cuanto al sentido general de mi comentario... La verdad, no sabría decirlo. No hay dobles intenciones. Es una mera constatación. Las modas literarias se ramifican; y lo que empezó siendo una mirada retrospectiva sobre las riquezas del pasado ha terminado en, pongamos, las absurdas polémicas que hoy ocupan a los partidarios de la "memoria histórica", por un lado, y a los llamados "revisionistas", por otro. Tocar el pasado siempre ha sido peligroso en España. Claro que, al hilo de polémicas de esta clase, se venden muchos libros. Y se desvirtúa lo que, a mediados de los ochenta, todavía parecía una mirada fresca sobre nuestra literatura olvidada.

JLP dijo...

Sin afán de polemizar, no creo que sea comparable la confrontación entre memoria histórica y revisionismo con la utilización con fines literarios de ciertas figuras rescatadas. Creo que Trapiello, Álvaro y otros contribuyeron a sacar del olvido a escritores que fueron pasto de las circunstancias políticas, sociales y literarias, precisamente para que fueran "utilizables" de nuevo. Y el uso que otros autores (Cercas, Prada...) les dieron no pudo ser más literario, independientemente de que nos gusten o no sus novelas. No creo en la pureza de unos y el oportunismo de otros. Sólo veo con satisfacción que los vaivenes de los gustos (y hasta de las modas, ¿por qué no?) nos devuelven cosas maravillosas que el tiempo se había tragado inmisericorde. Cada lector, por fortuna, sigue pudiendo discernir y elegir.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Pongo otro ejemplo, también sin afán de polemizar. Cuando Muñoz Molina saca "El invierno en Lisboa", ¿acaso esta novela cinéfila no venía precedida de más de una década de cinefilia, y hasta de mitomanía cinéfila, en círculos literarios minoritarios? No hay oportunismo, claro. Pero sí una clara relación causa-efecto.

En cuanto a lo "utilizable" o no de ciertas figuras... Quizá hoy un libro tan lleno de figuras menores y olvidadas como fue "Las armas y las letras" sería recibido incluso con más hostilidad de lo que lo fue en su día, debido a cierto enrarecimiento del ambiente en lo tocante al rescate de figuras y hechos del pasado. Por eso añoro la "pureza", como dices, de aquella nostalgia por las figuras olvidadas que se respiraba en los ochenta.

(Podríamos hacer una docena de mesas redondas, y hasta de simposios, sobre estas cuestiones)