sábado, abril 22, 2006

LA GRAN COMILONA

La gran comilona (La grande bouffe, 1973), de Marco Ferreri. En su día, una película más o menos escandalosa. Cuatro amigos se encierran en un caserón con el objeto de comer hasta morir. No se explica por qué, ni se extraen conclusiones. Lo que deja el campo abierto a lo simbolismos fáciles, que quizá sean los mayores enemigos de la película: el hartazgo de la Europa rica, la gran crisis ideológica de signo nihilista que siguió al mayo francés, el propio agotamiento de las filosofías libertarias aparejadas al fenómeno hippy… Llama la atención que la única superviviente de este suicidio colectivo sea una mujer, una maestra que se unió accidentalmente al cuarteto, y que parece disfrutar sinceramente con los excesos programados por sus compañeros.

Los años transcurridos desde el estreno de esta película la han aligerado de todo ese peso simbólico. El nihilismo sigue siendo hoy día un poderoso agente, pero se ha vulgarizado hasta tales extremos que ya le hemos perdido el respeto. Morir de puro exceso no es ya un problema moral, sino sanitario. Lo que, paradójicamente, ha hecho que esta película aparentemente pesimista resulte hoy incluso divertida. Lo único que queda en pie de sus posibles mensajes es la constatación de nuestras limitaciones: el placer (sexual, gastronómico, intelectual) es un continente inabarcable. La lucha por la muerte tiene algo de competición: el primer perdedor (Mastroianni) es el más ansioso, el mujeriego empedernido, el impaciente; luego cae el enamorado (Piccoli, en el que adivinamos una pasión secreta por el primer caído); en tercer lugar, el artista (Tognazzi); finalmente, el prisionero de los convencionalismos (Noiret). Que la maestra, Andréa Férreol, sobreviva a todos no parece encerrar ningún mensaje feminista. Si acaso, un chiste privado de los guionistas, un guiño al espectador masculino (que no puede dejar de sentirse afectado por la sensualidad desbordante de esta hermosa mujer gorda) y una afirmación de que la felicidad presupone una buena dosis de estolidez animal conscientemente asumida.

Y para qué negarlo: esta película cargada de intelectualismo afecta nuestras pasiones más primarias. Nos excita. Y, sobre todo, nos abre el apetito.

3 comentarios:

Epidauro dijo...

A tu inteligente y atractivo comentario agrego una sensación, amigo José Manuel. Sospecho que la maestra de Andrea Ferreol, postula lecturas algo más complejas. Una serie de secuencias me sugiere esta posibilidad. El hecho de que a priori sea una maestra quien se puede escandalizar e irse ante la situación, y sin embargo son las putas quienes se van escandalizadas y la maestra quien forma parte de la componenda. Ella se integra con los suicidas de modo mucho más que cómplice, como si de antemano supiera lo que está por suceder. Es ella quien satisfará sus necesidades más diversas, les servirá de lechoncito catártico para sus apetitos, les hará de madre, de puta y de enterradora. Es ella quien le servirá el plato final a Philippe, último en morir. A pesar de ser la superviviente, la última acción de esta maestra -que a la vez es la última secuencia de la película- no es dejar el caserón donde se produjo la fiesta pantagruélica, sino ingresar en él, atravesando un jardín lleno de cadáveres de reses.
Ahora bien, qué quiere decir todo esto, vaya uno a saber. Será cuestión de dejarse llevar por los propios dioses o demonios. Pero sospecho que excede un guiño de los guionistas y forma parte protagónica del sistema alusivo de la historia.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me gusta eso de "lechoncito catártico". Y estoy de acuerdo en que, seguramente, los guionistas pretendieron algo más. Lo que pasa es que, en este cine algo pretencioso de los años setenta, a veces prefiere uno soslayar esas intenciones solapadas.

Anónimo dijo...

A mi me parece que "la gran comilona" es una pelicula sobre el sentido de la vida. Los cuatro amigos estan en este mundo para disfrutar de todos los placeres hasta morir. Estan todo el rato cocinando, y comiendo en exceso y sin parar, hasta que revientan. La pelicula le quita a uno las ganas de comer.