domingo, abril 23, 2006

MACHADO POR GIBSON

LIGERO DE EQUIPAJE. LA VIDA DE ANTONIO MACHADO

Ian Gibson. Aguilar, Madrid, 2006. 759 pp.


Llega esta biografía de Antonio Machado en un momento en el que la consideración distanciada y objetiva de nuestra historia reciente vuelve a resultar difícil o, a lo menos, comprometida. En medio de la arremetida de los historiadores “revisionistas”, más o menos empeñados en justificar la sublevación militar del 18 de julio de 1936, y del fenómeno opuesto, la reivindicación militante de la “memoria histórica” de los vencidos, hemos dejado de vislumbrar lo que hace apenas diez años parecía ya inminente: el que la Guerra Civil empezara a parecernos tan lejana y ajena –la formulación es de Andrés Trapiello– como lo eran para nuestros abuelos las guerras carlistas... Hoy las dos Españas machadianas se enfrentan en las tertulias radiofónicas y en las listas de libros más vendidos. Una y otra compiten por el éxito en audiencia y cifras de ventas. No hay lugar para el matiz (que no para la interesada “equidistancia”), ni son bien recibidos los intentos de entender a cada cual en su circunstancia.

Después de leer las impresionantes páginas finales de esta biografía, en fin, se entiende que los sentimientos se impongan a veces, con todo derecho, a la fría ponderación de los datos: con un nudo en la garganta asistimos a los últimos días del “hombre bueno” por antonomasia que fue Antonio Machado. Los tópicos consagrados cobran de pronto una vigencia inusitada. La muerte del poeta, “casi desnudo, como los hijos de la mar”, el destello imaginativo que supone el último verso suyo conservado (“Estos días azules y este sol de la infancia”), su sencillo funeral en Collioure…, todos esos datos, archisabidos, vuelven a componer una escena a cuyo calado simbólico y sentimental ningún español decente puede oponer objeciones. Como insistentemente explica el biógrafo, no cabe considerar a Machado un mero rehén de las circunstancias: su apoyo a la República fue sincero, coherente con sus antecedentes familiares y con toda su trayectoria intelectual.


Publicado en El Cultural, jueves 20 de abril 2006

Para leer la reseña completa, pulsar aquí


7 comentarios:

VICTOR ALFARO dijo...

Jose Manuel, desconocía que tenías un blog! qué agradable sorpresa! buscando cosas sobre Ian Gibson he llegado hasta tu rinconcito en internet. Un placer leerte. Saludos!
Víctor

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bienvenido. Estaré pendiente de la anunciada entrevista.
Un saludo.

Antón dijo...

Pues ya que hablan de Machado les sugeriré visiten un blog que descubrí casual

http://isidrosaiz.blogspot.com

Les mando un lindo cuento que saqué de allá y viene al propósito. Se titula

EL ÚLTIMO VIAJE

El Señor de las Palabras no es pacificador.

Mandó una guerra. Mandó gente a la guerra. Mandó hombres al destierro y la derrota.

El Señor de las Palabras no es transigente. No condona deudas. Exige ofrendas sacrificiales.

Si uno escribe “me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, como los hijos de la mar”, debe saber a qué atenerse.

El Señor de las Palabras mandó que su profeta perdiese. Le hizo atravesar la frontera ligero y casi desnudo, poco antes de morir.

El Señor de las Palabras no es compasivo.

Otros dirán que no fue él quien decidió todo aquello. Tal vez. Pero no hay que tomar en vano al Señor de las Palabras, pues no tolera provocaciones y detesta que yerren los vaticinios.

Antón dijo...

Pues yo voy a aconsejar visiten

decir-lo-indecible.blogspot.com

Saluditos

Mª Luz dijo...

Del mismo autor (Saiz de Marco) hay otro cuento corto sobre Machado titulado "BAEZA". Dice así:

Apenas le interesaban la literatura y la filosofía. Sólo coincidía con él en su pasión por la naturaleza y en el desaliño indumentario. Sus conversaciones trataban sobre todo de árboles y plantas. Le asombraba que un profesor de francés supiera tanto de álamos, acacias, encinas, olmos... Le oía como a un entusiasta de la botánica. Eso decía, aunque yo no me lo creo. En medio, alguna alusión dolorida a Leonor, su desplome reciente. Entonces era sólo un compañero de claustro que componía versos, no el escritor afamado que fue después. Me contó que le había dejado ver algunos de sus poemas, escritos a mano, parte de los cuales apareció luego en la segunda edición de Campos de Castilla. También decía que una vez leyó una frase cenital, un verso suelto en una hoja suelta, entre sus papeles. Tuvo que ser antes de 1919, fue entonces cuando dejó aquel Instituto. Eso significaría que dispuso de veinte años para continuar el poema, pero no lo hizo. Puede que no quisiera seguir, que no encontrara palabras a la altura del inicio; o puede que, simplemente, sea un epílogo acabado, completo e inédito durante dos décadas. El verso al que se asía en el último derrumbe, “estos días azules y este sol de la infancia”.

Anónimo dijo...

"Este sol de la infancia" ("Questo sole per bambini"), da Isidro Saiz de Marco. Un libro di racconti brevi, per lo più breve, a volte giocano con la rievocazione di Machado, Miguel Hernandez, Neruda, in alcuni sorprendenti oggetti. Libro molto divertente, accattivante dall'inizio alla fine, davvero ben scritto.

Anónimo dijo...

Este autor, Isidro Saiz de Marco, es natural de Baeza, provincia de Jaén. Me he acordado de él porque precisamente hoy en el suplemento cultural de El Mundo viene una referencia a otro baezano, que es el fotógrafo Miguel Ángel Tornero, con una interesante composición en la última página. Al ver la foto he decidido retomar la lectura de Este Sol de la Infancia, de temática baezana, pues me gustó en su día y me han entrado ganas de leerlo otra vez.