lunes, abril 24, 2006

MATCHPOINT

Lo malo de Matchpoint es la moraleja. Demasiado explícita y, como en las obras shakespearianas, puesta en boca de fantasmas: los de las dos asesinadas por el protagonista, que se le aparecen para decirle que vivimos en un mundo sin sentido, donde la justicia propiamente dicha no es sino una de las muchas manifestaciones del ciego azar.

Woody Allen lo había afirmado ya una y otra vez en sus películas. Y nos reíamos, tal vez porque hay cosas que, parecen demasiado solemnes para ser puestas en labios de un personaje titubeante y neurótico como el que suele protagonizar las historias de Allen. Humor nihilista, humor de guetto. Pero esta vez el cineasta neoyorquino no ha querido plasmar su visión del mundo a través de las cuitas de un grupo de personas maduras con los afectos cruzados. Esta vez, Allen ha trasladado el mismo conflicto a un grupo de veinteañeros. Y el resultado no puede ser más demoledor: lo que entre cuarentones (o cincuentones) queda reducido a un mero vapuleo a la autoestima y una nueva lección sobre la inconsistencia y la falta de lógica de los afectos humanos, entre jóvenes (es decir, entre gente que no ha desarrollado aún la corteza protectora necesaria para aceptar la propia insignificancia) supone nada menos que una negación radical de los fundamentos mismos de la sociabilidad humana. De ahí el recurso al crimen desesperado; y de ahí que el azar venga a ayudar, inesperadamente, al criminal: una de sus muchas torpezas se convierte en la coartada definitiva, la que le absuelve definitivamente de toda sospecha.

Película perturbadora e incómoda. Y, sobre todo, desconcertante. ¿Por qué abandona Allen a sus personajes habituales, a los que conoce tan bien, para indagar en el mundo menos mullido y confortable de los jóvenes con ganas de comerse el mundo? ¿Por qué cambia Nueva York por Londres? ¿Acaso para dar verosimilitud a los derroteros de cine policíaco inglés por los que conduce su historia? Me convence más el otro Woody Allen, el de Deconstruyendo a Harry. Perder el recurso a la ironía se me antoja una severa derrota intelectual. Aunque es posible que Allen haya querido dejar testimonio, aquí, de esa derrota ya asumida. Es posible que, harto de sus sofisticados de Nueva York, quiera decirnos que la generación que viene a sustituirlos no le merece mejor juicio.


(Para un interesante debate sobre esta película, pulsar aquí)

5 comentarios:

Sra. de Winter dijo...

Pues también estoy de acuerdo con usted, la verdad. Lo que me pasó al alabarle a "Match point" es que no me acordé en ningún momento de las fantasmas del final. Sólo tengo en la retina la desesperación (y la belleza) de Chris Wilton.

ALBERTO dijo...

La verdad es que no estoy nada de acuerdo, lo que para mi expresa Allen no es una moraleja, no emite juicio acerca de la bondad o maldad del asesino, el asesino mismo es un ser perturbado que se pregunta por su condicion de tal, filosofa, al igual que los personajes de Dostoievsky.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Amigo Alberto:
Como podrás ver por el enlace que le he puesto a esta entrada (donde dice "aquí"), no eres el único que discrepa de mi opinión sobre "Matchpoint". Que no me parace mala película, todo lo contrario. Pero creo que representa una peligrosa quiebra en la brillante trayectoria de Allen. Veo en tu "blog" que no conoces sus películas anteriores. Te recomiendo encarecidamente que las veas, especialmente las que hizo a partir de "Mannhattan".

zurbelito dijo...

No considero que la película encierre una moraleja, al menos en forma profunda. Creo estimado amigo que como primera medida deberias evitar convertir los nombres en adjetivos, y si una obra literaria gira en torno a esta pelicula es crimen y castigo. Simplemente no te ha gustado la pelicula, el resto me parece chachara

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Cháchara como la que puede llenar una buena velada después de haber visto una película. El puro placer de matizar, de señalar preferencias en ese vasto continente que constituyen las cosas que sincera y humildemente admiramos. Como la obra de Allen. En serio.