viernes, abril 28, 2006

POPULISMOS

Tácticas del populismo: legislar lo inútil, lo meramente decorativo, lo que sólo puede entenderse como una mera autoatribución de progresismo, de instintos presuntamente solidarios, de afanes correctores respecto al pasado, de bondad. Requerir el aplauso de los incondicionales. E irritar al contrario, para que éste saque los dientes y pierda adeptos incluso entre quienes esperan de él una cierta discreción, un cierto comedimiento. Para competir con quien arroja calderilla a las masas, nada más inútil que arrojarle sapos. Las masas preferirán siempre la calderilla, aunque no sirva para comprar nada.

3 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Tan verdadero como inquietante...
¿Y qué podemos hacer nosotros, entre la calderilla y los sapos?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

El pasado jueves asistí a la presentación de un libro de Arcadi Espada. Preguntado por el partido político que él y otros detractores del nacionalismo andan promoviendo en Cataluña, dijo que nació en una esas cenas en cuyas sobremesas los amigos dan en quejarse de lo mal que está todo, y en la que alguien propuso seriamente que ya era hora de hacer algo positivo, además de quejarse... Hombre, yo nunca me atrevería a tanto; quiero decir, a proponer la fundación de un partido político de inconformistas. Primero, porque algo así no puede funcionar; segundo, por pereza; y, tercero, porque la propia naturaleza de partido de la entidad resultante acabaría imponiéndose al bendito espíritu inconformista del que había surgido. Por eso los mejores de cualquier partido político terminan siempre en la disidencia.

¿Qué hacer? Ejercer nuestros derechos ciudadanos. Entre ellos, el de la crítica. Abogar por la educación, por un periodismo riguroso, por la calidad del debate ciudadano. Leer, le duela a quien le duela (si echas un vistazo a alguna entrada no muy lejana de este "blog", verás que hay a quienes les duele que otros lean). Y, en último término, disfrutar de muchas sobremesas inconformistas, que también tienen su encanto.

Sra. de Winter dijo...

Se puede hacer algo más, muy divertido por cierto: infiltrarse. Actuar desde dentro de las columnas enemigas, pareciendo como que participas, pero en realidad reventándolas. Desde ahí, puedes reclutar adeptos, que te ayudarán a seguir reventando. Hace falta mucha paciencia y sentido del humor. También mucha fuerza para aguantar la soledad. Así que rara vez sale bien. Por eso, los que lo hacen (los mejores del partido, como dice Benítez Ariza), efectivamente acaban en la disidencia.