domingo, abril 16, 2006

SENDERO

Un sol débil, caprichoso, más o menos enmascarado tras una neblina que no quiere disiparse ni tampoco oscurecer el día. Un sendero entre retamas y dunas. Paseantes ocasionales. Rumor de multitud lejana. En estos sitios, ni acaba uno de estar solo del todo ni tampoco puede decirse que moleste la numerosa presencia ajena, visible pero como amortiguada por las distancias, por la dispersión. La soledad del observador, que presupone esa presencia ajena, esa ilusión de compañía.

Final de vacaciones.

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