lunes, mayo 15, 2006

LA GLORIA DE DON DARÍO

Leo "Nebulosa de un novelista", el largo prólogo que Darío Fernández-Flórez antepuso a sus Páginas escogidas (1968). Una especie de puesta de largo como literato, después de haber conocido las mieles del éxito varios lustros antes con Lola, espejo oscuro
(1950). En realidad, lo que vienen a contar estas páginas, entre disquisiciones genealógicas y digresiones más o menos atinadas sobre el psicoanálisis y la literatura, es el proceso que desemboca en la consecución de ese único logro, esa novela que a él le parece que justifica los esfuerzos de toda una vida.


Hoy día esa novela, y toda la obra de su autor, apenas si merece unas líneas en la letra pequeña de las historias de la literatura española del siglo veinte. El autor, no obstante, conjuró el fracaso: conoció el éxito popular y presentó (puede que sin mucha convicción, pero con cierto garbo) sus credenciales para la gloria literaria. Qué más se puede hacer.

Porque el fracaso no ennoblece, no procura satisfacciones de orden privado, no alimenta ningún orgullo secreto, no reafirma la propia posición ni conjura las dudas. El fracaso es sucio como una caída de un caballo que quizá uno no estaba demasiado preparado para montar. El único paliativo son las decenas de pequeñas transacciones vergonzosas con que se intenta conseguir una nueva opción a encaramarse a la silla, ya sin gloria ninguna, con la esperanza de llegar a la meta en cierta pose de afectada dignidad.

Bien por don Darío, pese a la desazón con que hoy leemos los testimonios de su triunfo.

No hay comentarios: