domingo, mayo 21, 2006

OÍDO AYER TARDE...

Oído ayer tarde en la cola ante la caja de un supermercado. Un treintañero informa a otro de sus planes para esa noche: asistir a la "sesión golfa" de El código Da Vinci y acudir luego a una conocida discoteca de la zona. Quien así se expresa anima al otro a reunirse con él, a las dos o las tres de la mañana, y pondera la bondad del ambiente de la mencionada discoteca, la sociabilidad de los allí concurrentes, la facilidad para hacer amistades... El otro se deja convencer, no sin anticiparse, temerosamente, a la posibilidad de que lo dejen plantado. Sigue el preceptivo intercambio de números de teléfono móvil, modo contemporáneo de garantizar la propia disponibilidad y ratificar la firmeza de los ofrecimientos amistosos.

Hasta ahora, distraído por los pormenores de la conversación (que no he podido evitar oír, dadas las circunstancias), no me había fijado en el aspecto de los interlocutores. Los dos, con acusadas entradas en la frente, que disimulan llevando el cabello muy corto, casi rapado; uno de ellos, más que gordo, vencido. Aspecto blando, expresión monstruosamente aniñada en rostros más bien envejecidos. El hecho de que salgan, se muevan en vehículo propio, acudan a lugares de moda, etc. da a entender que trabajan y ganan dinero. Uno de ellos menciona a la "piba", de lo que cabe deducir que tiene pareja.

Curiosa mezcla de atributos de la vida adulta y de expectativas vitales propias de adolescentes. Los dos, posiblemente, viven aún con los padres. Los dos profesan modales amables, exentos de agresividad (a no ser que se entienda por agresividad el derroche de suficiencia con que pregonan a los cuatro vientos las bondades de su modo de vida). Carne de cañón: consumen, gastan, generan modas, demandan distracciones, contribuyen a mantener bien engrasada la rueda social. ¿Hasta cuándo? Quiero decir: ¿a qué edad sentirán ciertas urgencias propias de la vida adulta, más allá de la libertad de movimientos y la posibilidad de aparearse? ¿A qué edad "sentarán la cabeza", como se decía antes? Algo relacionado con el afianzamiento de los hábitos de la privacidad, con la identificación con un espacio personal, con la capacidad adquirida de no confundir lo afectos propios, consolidados, más o menos permanentes, con las posibilidades de esa sociabilidad ilimitada y promiscua (y no me refiero sólo a lo sexual) de la noche de los sábados. La condición adulta, en suma, si es que esa expresión significa algo en esta sociedad de niños eternos.

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