domingo, mayo 28, 2006

SOBRE EL ANONIMATO

Certero artículo de Rosa Pereda ayer en El País ("La taberna global"), sobre los chats y demás flores de la nueva sociabilidad mediada por la electrónica:

Ya sabemos que el escándalo, junto a la burla, el insulto y la murmuración denigratoria, son las formas más antiguas y eficaces del control social. Las que la modernidad disolvió consagrando las libertades individuales, las que silencia la moral laica de la diferencia, que no es otra que la de la afirmación de la privacidad como derecho, pero también de la ley como marco de convivencia para lo mejor. Libres y anónimos para intervenir, pero atentos cotillas para controlar, los chateros ejercen la función que el antiguo régimen asignaba a porteras, beatas y biempensantes de casino. Tricotar el tejido moral de nuestra sociedad.

Lo dicho para los chats vale para el anonimato en las bitácoras. La timidez, la discreción, el afán de no llamar la atención pueden justificarlo, siempre que lo que se diga pueda asumirse en un contexto de civilizado intercambio de opiniones. Valen incluso los seudónimos, siempre que formen parte de un juego libremente aceptado por todos, y no valgan para amparar comportamientos despreciables. Más allá, el anonimato merece todo nuestro rechazo. Eso: porteras, chivatos, biempensantes. Y muy capaces de desmoralizar a quienes sí dan la cara y sustentan sus opiniones con su nombre.

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