miércoles, junio 07, 2006

BEATÓN

Hardcore, un mundo oculto, de Paul Schrader. Pocas veces habrá quedado tan claramente plasmado en el cine el sentimiento de repugnancia moral, sin atenuación posible. Pasea la cámara Schrader por el submundo de la pornografía. El protagonista de su película es un recto empresario calvinista que busca a su hija, fugada de casa y enredada, al parecer, en una peligrosa trama de producción de películas extremas. Y lo que Schrader parece decirnos es que la moral que sustenta a este "beatón" (como lo llama, irrespetuosamente, el detective privado que lo pone tras la pista adecuada) es más sólida, por supuesto, que el nihilismo frívolo y oportunista que practican sus antagonistas (en este sentido, es muy interesante la conversación en la que el calvinista confronta sus creencias con las de una autodenominada "iglesia venusina", a la que pertenece la prostituta que le ayuda a encontrar a su hija); pero que, pese a esa ventaja comparativa, tampoco esa doctrina es lo bastante amplia y generosa para acoger u ofrecer soluciones vitales a todos los que necesitarían de su eventual apoyo. El empresario (George C. Scott) encuentra a su hija, pero no es capaz de ofrecer una ayuda digna de ese nombre a la joven prostituta que lo ha acompañado en su búsqueda, y que lo consideraba poco menos que un instrumento de redención. Al final, cada oveja vuelve a su redil. Cuando ya sabemos que ningún redil es lo bastante resistente o cómodo para retener para siempre a sus ovejas.

(Sería interesante comparar esta película con Taxi Driver
, con guión del propio Schrader: en ella, el proceso de redención es más completo; pero posiblemente eso se deba a que el "redentor" -el taxista Travis- es también un desahuciado, al igual que la chica a la que saca del mundo de la prostitución y la droga; es decir, no tiene nada que perder, nada parecido al confortable universo burgués y provinciano al que regresa el "beatón" de Hardcore y su hija pródiga.)

(Puestos a comparar, por cierto, hay que decir que esta película es una versión urbana y contemporánea de Centauros del desierto, de John Ford. Y es significativo que la produzca John Milius, fordiano de pro y, a la vez, director de otra variación sobre el mismo tema: la magnífica El viento y el león.)

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