martes, junio 20, 2006

EL VALS DEL EMPERADOR

Es unánimemente considerada la peor película de Wilder. Y, sin embargo, El vals del emperador es "más" Wilder, a mi entender, que Cinco tumbas al Cairo o El aviador solitario, las otras dos películas que comparten con ésta el poco nutrido limbo de obras menores del director vienés. Para empezar, está la innegable impronta de Lubitsch. Pero lo que más llama la atención es la cantidad de "anticipos" de otras películas suyas que pueden espigarse en ésta. La situación en su conjunto -americano desubicado que se enamora de una europea- recuerda a la de Avanti!, así como no pocos momentos de la historia -por ejemplo, la presentación, mediante pinceladas irónicas, de los invitados al baile, que tendrá su eco en la de los huéspedes del hotel de Avanti!-. Igualmente, el diálogo en el que Joan Fontaine (la condesa) le anticipa a su enamorado los muchos inconvenientes que habrá de afrontar su relación roza milagrosamente la genial escena final de Con faldas y a lo loco, y sólo le falta su rotundo remate. También, el que el protagonista tenga un momento de pusilanimidad y amague con ceder a las convenciones, después de haber oído al portavoz de éstas -el propio emperador-, nos hace recordar el mismo momento de desánimo y derrota que vive el protagonista de El apartamento. Todas las películas de Wilder son operetas estilizadas, y no es raro que encontremos las semillas de muchas de ellas en este tonto espécimen del género; que, cierto, no es una gran película, pero nos hace sentir como si estuviésemos espiando al director por el ojo de la cerradura y atisbando el germen de muchas de sus ideas más celebradas.

No hay comentarios: