jueves, junio 08, 2006

LA OLLA DE GRILLOS

Lo bueno de los rigores del tiempo es que no es difícil encontrar una idea de la felicidad que los compense. En el caso del frío: una casa caldeada, preferiblemente por una buena chimenea. Buenas mantas, buenas viandas, buena compañía. Por dentro, el picorcillo estimulante de un licor. Con el calor, la cosa es más compleja, pero en absoluto inimaginable: algo relacionado con el disfrute de la desnudez, el frescor del agua y la brisa, el abandono, las bebidas frías. Una cerveza en una terraza fresca, en un lugar por donde pasen muchas chicas ligeras de ropa, sería suficiente.

(Y un enérgico toque de queda interior, que acallase la olla de grillos que llevamos dentro.)

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