viernes, junio 23, 2006

PROPERCIO Y LA INTIMIDAD

No un pacifista programático, sino un ciudadano celoso de su privacidad y temeroso de que las arduas obligaciones impuestas por el Estado (incluida la guerra) la imposibilitasen o mermasen: ése es Propercio, tal como se retrata a sí mismo en sus tres primeros libros de elegías. En una afirma: Amor es dios de paz, a la paz rendimos culto los enamorados. En otra: No saldrá de mi sangre soldado alguno.

Para algunos pacifistas de hoy, tan a menudo confundidos en el magma del izquierdismo callejero, gritón y papanatas, este individualismo resulta sencillamente incomprensible, o inasimilable al espíritu colectivista que sigue animando a tantos activistas de esto y aquello. Y, sin embargo, a él, a ese individualismo y a ese valor cívico del hombre aparentemente frívolo y superficial que niega, con su vida y obra, las razones del Estado, debemos algunos pasos en la progresiva maduración del celo que actualmente ponemos (algunos) en la defensa de lo privado, de la intimidad inviolable, de la libre conciencia e, incluso, de la libertad de expresión.

Ya lo dijo Catulo, antes que él: Vivamus, mea Lesbia, atque amemus...

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