miércoles, julio 19, 2006

ENVOLTORIOS

Al gobierno le preocupa lo exagerado de algunos envases y envoltorios y anda preparando una ley para limitarlos. Con razón: se compra uno un paquete de madalenas, pongo por caso, y, antes de mojarlas en el café (¿o era té?) y que acudan a tu memoria los recuerdos de tu proustiana juventud entre muchachas en flor, tienes que deshacer primero el envoltorio externo y luego las bolsitas individuales de cada una de las madalenas, en medio de un descorazonador crepitar de celofanes arrugados… O te enteras de que han empezado a reeditar, pongamos, las historietas completas del capitán Trueno, y vas al quiosco a pedirlas y el quiosquero te mira con lástima antes de endilgarte la enorme panoplia multicolor en la que están engarzados, envueltos en sus respectivos plásticos protectores, las dos primeras entregas. Con lo que no te cabe otro remedio que ir por la calle sosteniendo con las dos manos el enorme cartón, como un hombre-anuncio, o deshacer el envase en el mismo quiosco. Podría poner más ejemplos. Las gafas que me llegaron dentro de una caja digna de contener un pastel de bodas. O el kit de conexión a Internet cuya naturaleza inmaterial venía contenida en una caja parecida a las que usaban antes en las mercerías para guardar cintas. Eso es, supongo, lo que quiere evitar el gobierno: que se talen árboles y se gasten hidrocarburos para confeccionar envases inútiles, o que éstos no vayan a parar luego al páramo donde antes había un bosque y ahora, con el bosque ya convertido en pasta de papel, han puesto un vertedero.

Claro que la cosa tiene más enjundia. Porque lo que está en juego no es sólo nuestra conciencia ecológica, sino, sobre todo, nuestra propensión a sucumbir a la mera apariencia, o a pensar que es mejor, más higiénico o más seguro lo que viene envuelto en celofanes que lo que yace sobre un mostrador y es tocado por la manos del tendero. Y, también, nuestra proclividad a aceptar gato por liebre, con tal de que el gato venga bien limpio y deshuesado y colocado en una bandejita de plástico.

Pero no ocurre sólo con lo que compramos. Aceptamos mejor una chorrada envuelta en toda clase de argumentos y retóricas, que una verdad desnuda. Los gobernantes lo saben. Y. así, si han de dictar una ley restrictiva, la envuelven en un sinfín de disposiciones secundarias que parecen consagrar otras tantas mejoras sustanciales en la vida de la gente. El reciente acuerdo sobre Pensiones es un ejemplo: su objetivo principal es obligarnos a cotizar por más tiempo, si queremos percibir una pensión. Y para dorarnos esa píldora –que será muy difícil de asumir por parte de quienes han empezado a trabajar a los treinta y tantos años y con contratos precarios–, la adornan con toda clase de retoques que mejoran tal o cual detallito… La política del envoltorio, del celofán, de la bandeja de cartón, de las cajas chinas. Y, dentro, nada.

J.M.B.A.
Publicado ayer en Diario de Cádiz

2 comentarios:

KaBaNaBoNa Quiosco dijo...

muy bueno.
en breve y como quiosquero de barcelona me voy a permitir poner tu comentario en mi blog, espero sea de tu agrado.
gracias
josep

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tengo amigos quiosqueros, que sobrellevan con paciencia y humor las promociones con envoltorio exagerado. Así que comprendo que a los del gremio seáis sensibles a este asunto.

Gracias por la visita.