martes, julio 18, 2006

INADAPTADOS

¿Por qué esta certeza de que quienes asistimos a esta clase de reuniones llamadas "actos culturales" pertenecemos a una notoria secta de inadaptados? Y sin los posibles timbres de gloria que a veces se asocian a esa calificación. Es decir, no inadaptados por rebeldía, o por superioridad intelectual, o por habernos afiliado voluntariamente a una esfera espiritual más o menos alejada de la realidad cotidiana; sino inadaptados, simplemente, por un exceso de afectación que apenas disimula no pocas taras afectivas e incluso intelectivas. Henos aquí, aplaudiendo lo que nos aburre, sonriendo a quienes no quisiéramos tener al lado en ninguna otra circunstancia de la vida, yéndonos a casa sin haber denunciado la inanidad de todo este montaje. Y dispuestos a volver al próximo.

En momentos así, envidia uno a los analfabetos.

4 comentarios:

Sra. de Winter dijo...

No sea usted frívolo, señor JMBA, que no le pega nada.
En primer lugar, usted jamás envidiaría a los analfabetos, usted no puede vivir sin Kipling, por favor.
En segundo lugar, los analfabetos no son menos que usted o que cualquiera de esos chichiribainas de los actos culturales: sólo manejan un código distinto -hábilmente por cierto- del que usted cree dominar. Y en cualquier caso, sufren, llegado el caso, lo mismito que usted.
En tercer lugar, tendríamos que ponernos de acuerdo en qué es ser analfabeto. Ya sé que usted está dispuesto a mantener una larga controversia: yo no, no soy ni analfabeta ni boba, y ya lo veo venir.
En cuarto lugar: ¿es que envidia usted a esos poetas que le rechinaron el otro día, en ese acto cultural al que veladamente se refiere? Vamos, por dios.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ya que usted me acusa de frívolo, Sra. de Winter, hablemos en serio.

Evidentemente, comparto sus apreciaciones sobre el analfabetismo: a) no es envidiable en sí; y b) en determinados contextos, ser analfabeto sólo significa no disponer de los recursos de la cultura letrada, pero sí de los procedentes de la cultura tradicional, a veces mejor fundada y mejor preparada para entender el mundo que la otra. Por tanto, admito que mi comentario sobre los analfabetos ha sido una salida de tono.

A lo que me refiero, y supongo que todo el mundo me habrá entendido, es a otra cosa. A que la "cultura" no es eso, no es esa vida social ritualizada y espuria que se organiza en torno a los "eventos culturales", ni mucho menos las ambiciones, esperanzas o sustitutivos emocionales que muchos ponen en esa clase de actos y en la vida a ellos aparejada. La cultura -el arte, la literatura, el pensamiento- se gesta en la individualidad, en la soledad, desde la conciencia crítica y la exigencia estética, y deja de serlo (o sólo es una versión roma y atenuada de la misma) cuando se convierte en mero adorno social.

En este contexto, ¿qué es literatura, que es lo que más de cerca nos toca? Pues algo equidistante de esas palabras bonitas y prestigiosas que se aplauden en estos actos, por un lado, y de esos productos estrictamente comerciales que se publicitan como "novelas", "ensayos", etc., sin ser otra cosa que pasatiempos. Una larga, costosa y, a menudo, poco gratificante indagación en la realidad a través del lenguaje, y en la que el lenguaje es también parte de esa indagación y sufre sus efectos. Y casi nadie aplaude por ello.

Uf (me deja usted agotado, señora).

Sra. de Winter dijo...

¿Lo ve? Ya sabía que estaba usted dispuesto a una larga e insoportable controversia. Lo dicho: no me pillará.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Con usted nunca hay controversia, Sra. de Winter. Sólo reflexión en voz alta a partir de sus amables y oportunos comentarios. De nada.