jueves, julio 27, 2006

SEÑOR CONDE

Fue muy comentada hace años una viñeta humorística, creo que del afamado Mingote, en la que, al hilo de una de las primeras campañas de prevención de incendios forestales, podía leerse: “Cuando el bosque se quema, algo suyo se quema… señor conde”. Bastaba el añadido de esas dos últimas palabras para que el lema oficial de la campaña quedara completamente desvirtuado: ese “suyo” ya no quería decir “de todos ustedes”, sino que introducía en el mensaje a un innominado latifundista que, por no escapar del tópico, incluso se adornaba con un título de nobleza.

Los españoles siempre hemos tenido este problema de percepción de los intereses generales. Aquí el gran sueño emancipatorio de la izquierda campesina no consistía en constituir grandes explotaciones agrícolas comunitarias, sino en repartir las tierras y asignar a cada uno su parcelita. De algún modo, la actual clase media surgida de ese proletariado irredento sigue albergando el mismo sueño, sólo que ahora éste se materializa, no en parcelas de cultivo, sino en pequeñas fincas de recreo con césped y piscina. Más allá de la cerca o el seto que las delimita empieza la selva. Llama la atención que, en algunas urbanizaciones, los propios vecinos arrojen basuras y escombros en terrenos que apenas distan unos metros de sus casas, como si pensaran que la alambrada que cerca su propiedad impide también el paso de los malos olores y las ratas, o los inmuniza contra los efectos desmoralizadores de un entorno feo y degradado. Pero eso les da igual: esos terrenos convertidos en vertedero son cosa “del conde”, del municipio, de la comunidad autónoma… Sin pensar que los únicos condes insolidarios, los únicos tiranuelos celosos de su pequeño reino, son ellos, y que lo que la viñeta de Mingote pudiera tener de caricatura del egoísmo terrateniente se aplica ahora, más que nada, a esta extendida mezquindad de la presunta clase media. Y digo lo de “presunta” porque hay quien cree que esta dudosa homologación social se consigue sólo cuando se alcanza determinado nivel económico. Cuando lo cierto es que a esa clase corresponden históricamente unos niveles de cultura y educación cívica de los que hoy parecen totalmente desprovistos muchos de los que creen pertenecer a ella.

Y el caso es que, como hemos visto en las urbanizaciones de Conil, cuando el pinar se quema, arden también las casitas de la clase media. Cuando el monte se degrada, se degrada también el aire que respiran los propietarios de los chalés y el paisaje del que, quizá abusivamente, disfrutan en exclusiva. Y cuando la playa se ensucia, su suciedad ofende también al personaje desafiante que acaba de arrojar una colilla a la arena. No hay “condes” que valgan. Aunque a veces, ante las proporciones de castigo divino que alcanzan ciertas catástrofes, pensemos que algunos han contribuido más que otros a irritar a los dioses.

J.M.B.A.
Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

Dal dijo...

Si no me equivoco, la viñeta era del Perich, no de Mingote. Buena entrada, en cualquier caso.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tiene razón. Gracias por la enmienda, que dentro de unos días incorporaré a la entrada.