miércoles, julio 26, 2006

TRÍO

Después de un día de calor, pararse junto a la ventana abierta y percibir el aire fresco de la noche, denso y cargado de humedad, en contraste con la atmósfera volatilizada de la casa. El aliento de un inmenso animal dormido.

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El perfil ideal de un político: una persona que, después de haber ejercido una profesión con éxito o con probada eficacia durante años, es requerido por alguna entidad social a que se postule para ocupar un cargo representativo. Ser alguien antes de ocupar el cargo, y no, como ocurre ahora, no ser nadie hasta que la mera acumulación de años en los círculos de poder se convierte en un sustitutivo natural de toda esa experiencia no acreditada, y ya inacreditable.

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Y sin embargo, amigo M., pasarán muchos años antes de que una situación como la arriba descrita parezca normal. Hoy por hoy, el profesional prestigioso que se pasa a la política resulta inevitablemente sospechoso. Entre otras cosas, porque nuestra ética no formulada no perdona de ningún modo el sacrificio injustificado de la privacidad.

1 comentario:

Enrique Baltanás dijo...

Sin duda uno de los males crónicos de nuestro sistema político. La política como medro. Los donnadie que llegan a la cumbre por el exclusivo mérito de la disciplina de estricta observancia. Los muertosdehambre sin oficio ni beneficio que en muy poco tiempo tienen casas de 300 m2 y un tren de vida de rajá.
Por eso yo propugno el regreso a la democracia censitaria. Pero ojo, para los electos, no para los electores. Que no pueda ostentar cargo público nadie a quien no le dé positivo la declaración de la renta.