martes, agosto 22, 2006

CAMALEONES

Quizá lo verdaderamente interesante del caso Gunter Grass sea la luz que arroja sobre tantos presuntos agitadores de conciencias. Obliga, por lo menos, a la modestia. Y a la consideración, en fin, de unos cuantos agravios comparativos cometidos con muchos escritores cuya consideración posterior se ha visto muy condicionada por el grado de connivencia, o simple convivencia, que tuvieron con el régimen nazi.

En esto, claro, como en todo, la cuestión del grado es importante: desde la militancia exhibicionista de un Guy de la Rochelle (que, dicen, vestía uniformes nazis para acudir a su despacho de director de la Nouvelle Revue Française) hasta el silencio alimenticio del filósofo Heidegger, la bobería nacionalista y antibritánica del hoy olvidado premio Nobel noruego Knut Hamsun (véase la excelente película que sobre él hizo Jan Troell) o el rancio conservadurismo tradicional, mal comprendido, de Ernst Jünger.

A todos ellos se les juzgó duramente desde las posiciones ideológicas de quienes decían tener las manos limpias. No creo que sea el momento de atenuar la dureza del veredicto que merecieron, pero sí de comprender que sólo es fácil convertirse en fustigador de conciencias cuando lo amparan a uno las garantías democráticas; fuera de ellas, la única ley vigente es la de la supervivencia. En la que destaca, como todo el mundo sabe, el camaleón.

***

Lo que me hace pensar: ¿no habrá en el pensamiento vigente muchas actitudes que mañana podrán imputársenos como vergonzosas? Tanto Pétain como Anthony Eden creyeron ahorrarles no pocos sufrimientos a sus pueblos. Uno presidió el triste gobierno colaboracionista de Vichy y el otro firmó los vergonzosos pactos que animaron a Hitler a iniciar su expansión europea. Muchos de los que hoy escriben comprensivamente sobre fenómenos como, por ejemplo, los nacionalismos agresivos o el islamismo radical, o expresan abiertamente su simpatía por ciertas dictaduras, quizá merezcan, en un futuro no lejano, el reproche de haberles bailado el agua a ideologías tan nefastas, a la postre, como el propio nazismo.

1 comentario:

Ramirez dijo...

Hoy me he enterado de que van a extirpar o transformar digitalmente todas las secuencias en las que Tom y Jerry están fumando o haciendo cualquier tipo de alusión al tabaco. Pronto muchos tendremos un oscuro pasado de fumadores empedernidos que deberemos ocultar.