martes, agosto 01, 2006

LA SELVA

A propósito de las películas que mencionábamos ayer, quedó pendiente la cuestión de por qué nos resultan tan atractivas, por qué han contado siempre con el favor del público. Supongo que, primariamente, por apelar a la nostalgia de la infancia, que es un campo sentimental en el que es relativamente fácil concitar simpatías. Y, más específicamente, por aludir a una mezcla un tanto contradictoria, pero poderosamente atractiva, de valores que cuentan -o han contado hasta ahora- con el favor de las sociedades occidentales: la formación dentro de un espíritu de clase o grupo que dé sentido de pertenencia, el aprendizaje de códigos objetivos de conducta, la admiración por el saber, encarnado en los profesores... Claro que también hay, dentro de este género, una corriente que invierte esos valores, y en la que se destaca la capacidad del individuo para sustraerse a la presión de la institución y del grupo. Es la otra cara de la moneda, igualmente halagadora para el público, que encuentra en ella una exaltación de la formación del ego en conflicto con el entorno (¿quién no se ha sentido alguna vez en conflicto con su entorno?)...

Tanto en uno como en otro caso, lo que está claro es que la institución escolar aparece, en estas películas, como algo sólido e inamovible, dotada de principios y fines claros y dirigida por hombres que, en sus dos extremos posibles de bondad y sabiduría, por un lado, o perfidia autoritaria, por otro, simbolizan adecuadamente el poder de la institución y su prestigio social.

Occidente ha perdido esa fe en su escuela. Llama la atención que, en las series juveniles de ahora, el escenario escolar más frecuente sea el pasillo, la sala de taquillas, el rincón fuera de la vigilancia de los adultos, donde la impunidad es siempre posible y la desprotección palpable. La selva. Sabemos -ahí están Stalky and Co. y las memorias de Kipling, y las de tantos otros personajes ilustres- que ésta también existía en las venerables escuelas victorianas. Pero era sólo un aspecto del conjunto, no su ingrediente fundamental.

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