martes, agosto 29, 2006

LANZAS ROTAS

Leo hoy en El País una carta de alguien que aprovecha el affaire Grass para romper una lanza a favor del noruego Knut Hamsun, también premio Nobel, que apoyó la invasión nazi de su país y, consiguientemente, sufrió en la posguerra la postergación de su persona y el olvido de su obra. Olvido relativo: en España los libros de Hamsun figuraron en muchas colecciones de literatura popular hasta bien entrados los setenta, y hoy son fáciles de encontrar en las librerías de viejo a precios irrisorios (sé de una en la que toda la colección Reno se liquida a sesenta céntimos el ejemplar).

Lo que me hace pensar si, en este como en otros casos, el problema no es tanto los errores políticos que perjudican la estimación futura de determinados autores, como el hecho de haber recibido un premio que, está comprobado, promete siempre más de lo que da y, por tanto, coloca a quien lo recibe en la incómoda posición de ofrecer a la posteridad un modelo permanente de integridad moral, cuando ya sabemos que eso depende de los tiempos y de los gustos, cuando no de la suerte.

Nada más aburrido que cualquiera de esas colecciones de "premios Nobeles" que adornan los estantes de muchas casas. La mayoría de ellos se concedieron por motivos extraliterarios, por lo mismo que el óscar a la mejor película se concede siempre a algún filme ejemplarizante. Pocos escapan a este juicio: Kipling, por haber sobrevivido en la memoria de los niños y por haber sido, ya en su época, un autor básicamente malentendido; y Juan Ramón Jiménez, que no nos explicamos cómo entró en ese circo. Los demás son carne de olvido: el propio Hamsun, sí, el hoy tocado de ala Gunter Grass... Cela ya ha sufrido los correspondientes linchamientos públicos, y anda a la espera de que el veredicto de los tiempos lo devuelva al lugar que le corresponde: un interesante autor... menor.


Y todavía queda Saramago.

4 comentarios:

iRViNg wALLAcE dijo...

Pues vaya, a Borges no le dieron el premiecillo ese de marras por facha, y el tío bien que lo quería. Anda, que los que se dedican a esto de la pluma son capaces de matar a su madre por un premio de Villacascajo de Abajo (placa, publicación cutre y 600 euros). ¿A quiénes no matarían los mismos plumíferos por la millonada del Nobel?

el culo de Harry Kalahan dijo...

Esta animadversión de muchos intelectuales contra los premios Nóbel o los Oscars me parece solo achacable a algún tipo de bajeza que impide aceptar que se premio otra cosa que no sean sus preferencias. Yo creo que hay muchos más grandes autores entre los premios Nóbel de los que usted menciona y la lista de los Oscars esta repleta de grandes películas. Evidentemente hay grandes películas y grandes literatos que no han recibido el premio. A uno por año es difícil, siempre les quedará el consuelo de ser “autores de culto” o “malditos” o “joyas por descubrir”. ..

José Manuel Benítez Ariza dijo...

El caso Borges ejemplifica bien lo que quiero decir: no cumplía ese requisito de "ejemplaridad moral" u oportunidad política que parecen exigir los sabios de la Academia sueca.

Y también entre los nóbeles pretéritos abundan autores que, hoy por hoy, son joyas... por descubrir. Pongo ejemplos: el sueco Harry Martinson, excelente poeta (y discípulo declarado del Kipling de "Los siete mares"), o el más conocido pero poco leído Saint-John Perse. No se trata, por tanto, de desdeñar los premios como si uno se colocara por encima de las glorias mundanas, sino de dejar constancia de lo poco que influyen en la estima real de la que gozan determinados autores, o en su suerte futura. Y, también, de señalar que a algunos el premio Nobel les ha dado una notoriedad que, a la larga, por haberlos hecho blanco de ataques más o menos desproporcionados al cambiar la sensibilidad política de los tiempos, les ha perjudicado.

Véase, si no, el caso (opuesto) de Ezra Pound, que también se hizo acreedor de la aversión pública por su actitud durante la guerra: su prestigio literario permanece intacto; nadie lo había postulado como figura modélica y, por tanto, no se le pudo pasar factura por ese lado.

redondito y naranja dijo...

Tras leer los comentarios me aparece una duda en mis extrañas neuronas.

-¿Qué premia un galardón literario?

- Se premia una brillante pluma, o se premia una vida intachable y unas convicciones políticas.

Además de todo esto me parece realmente reseñable el adjetivo a Borges, da idea de la consideración y fineza del comentario.