jueves, agosto 24, 2006

REPAROS

Siempre me ha llamado la atención la incapacidad de reacción de la ciudadanía ante ciertas agresiones cotidianas, en las que el verano suele ser especialmente pródigo. Pongamos que una pandilla de juerguistas decide ocupar una plazoleta y pasarse la noche bebiendo, cantando y dando voces. Alrededor hay edificios en los que, presumiblemente, centenares de personas desean dormir. Nadie protesta, nadie dice nada, ni siquiera es probable que alguien se moleste en llamar a la policía. A pesar de que –y esto es lo curioso–es muy posible que, en esa pequeña plazoleta, sean más quienes intentan dormir. Pero aquí la lógica numérica no cuenta: en la intimidad de sus dormitorios, cada uno de los vecinos que desea y no puede dormir está solo, desamparado, incapacitado para hacer valer su derecho, mientras que quienes vociferan en la calle, sean cinco o cinco mil, se amparan unos a otros en el anonimato de la masa, que les exime de toda responsabilidad y les presta una presencia de ánimo de la que, en otras circunstancias, seguramente carecerían.

Pero más llamativo es que, ante situaciones de esta clase, las autoridades no sepan cómo actuar, o que parezcan temer que cualquier intento de restringir la ocupación abusiva de los espacios públicos les pueda restar apoyo electoral. Es como si esos centenares de conciencias desveladas no sumaran, en un momento dado, otros tantos votos.

Lo ilustra la larga polémica que, a lo largo del verano, han mantenido las distintas administraciones respecto a la celebración, ya consumada, de la ya inevitable “noche de las barbacoas” en las playas de Cádiz. La primera intención fue prohibirlas. Luego, pareció que lo razonable era limitarlas en el espacio. Por último, y sin que hayan trascendido los motivos de tanta indecisión, se ha optado por dejar que se celebren como siempre. Aparentemente, los pocos bañistas que al día siguiente se atreven a presentarse en la playa convertida en un inmenso basurero pesan menos en el ánimo del gobernante que los centenares de miles que se congregan en la misma la noche anterior. Sólo que esos bañistas constituyen, quizá, la avanzadilla de una multitud incluso más formidable: la que suman quienes usan la playa a lo largo de todo el verano, o quienes querrán usarla en las mejores condiciones posibles en los años venideros.

El problema es que a todos esos usarios les pasa lo que a los vecinos que no pueden dormir: su desazón, su malestar se expresa en la intimidad, en el gesto de reparo con el que buscan un metro cuadrado de arena limpia o posan el pie desnudo sobre un suelo sospechoso. La conciencia individual es silenciosa y, también, olvidadiza. Esos reparos se olvidan, esa aprensión pasa. Pocos cambian de orientación política o varían su lealtad a un destino turístico por esos instantes de incomodidad. Y eso lo saben muy bien los políticos y los comerciantes.

J.M.B.A.
Publicado en Diario de Cádiz,
martes 22 de agosto.

5 comentarios:

quid dijo...

Tiene usted razón cuando se trata de una plaza en la que cada fin de semana se reúnen niños a beber y gritar... el típico botellón.
El Carranza, pienso, es diferente. Es una noche. Cierto es que la playa queda de pena, que el Ayto se gasta una pasta en servicios de limpieza y -aunque yo no he ido nunca la mañana siguiente- me imagino lo que tiene que ser saltar basura.
Pero es una noche. Y aunque eso no justifica la incivilización de algunos -le aseguro que yo me llevé toda mi basura y la deposité en el lugar correspondiente-, limitarla a una parte de la playa, me parece una buena idea. No suprimirla, ¿qué sería del Trofeo? Además, para una noche que se nos deja hacer barbacoa...
Limitar y EDUCAR. Supongo que esa es la solución

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Absolutamente de acuerdo.

eritrorriza dijo...

Una duda, al margen de estos problemas de convivencia:
Ustedes gaditanos sabran mas que nadie de marinerias, pero ¿Bitácora no es el armarito donde se aloja la brújula en los barcos? ¿Es esta la intención? ¿Será mas cercano a la intención "cuaderno de bitácora"?.
Lo digo tambien por el Sr. Balatanas. Perdonen si meto la pata, es sólo un detalle de menor importancia.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Efectivamente, la bitácora es el armarito en el que se guarda, entre otras cosas, el diario de navegación o cuaderno de bitácora. A falta de mejor término, se ha generalizado en español el término "bitácora" para los diarios por internet. Por ser un uso impropio, figurado o desplazado, debe escribirse entre comillas.

Distinto es el caso de la palabra "log" en inglés, que designa propiamente al cuaderno, mientras que el armarito se llama "binnacle".

Para estas cuestiones náuticas hay un diccionario muy útil, obra de un gaditano: el "Diccionario marítimo inglés-español y español-inglés" del contraalmirante Enrique Barbudo (Cádiz, 1965), que yo utilicé ampliamente cuando traduje "Lord Jim".

Anónimo dijo...

Sr. Ariza:
Leyendo su artículo, una roza la certeza al pensar que Vd. y yo acaso hayamos sido, desde siempre, las dos únicas personas sin billete de invitación para asistir
a uno de esos humosos barbicús
de su tierra.