miércoles, agosto 02, 2006

SERPIENTES DE VERANO

Con una nueva guerra declarada en Oriente Medio, varias crisis humanitarias abiertas y alguna que otra convocatoria electoral inminente, no parece que este agosto vaya a necesitar “serpientes de verano”; es decir, esa clase de noticias superficiales y sensacionalistas que permiten llenar los periódicos cuando no pasa nada, o cuando las redacciones tienen a la mitad de la plantilla de vacaciones.

De hecho, muchas noticias típicamente agosteñas han sido ya dilapidadas, como si quienes se dedican a esto anduviesen sobrados de material y hubieran decidido no hacer reservas. Podría haberse guardado para agosto, por ejemplo, la conmemoración del sesenta aniversario del bikini: hubiera dado para más de una contraportada y para un sinfín de reportajes dominicales en los que repetir la foto de Raquel Welch en “Hace un millón de años”, o la de Ursula Andress saliendo del agua con un cuchillo engarzado en el elástico de la parte inferior de su dos-piezas. Había materia, incluso, para un poco de filología recreativa; porque, aunque se diga que la célebre prenda tomó su nombre del atolón de Bikini (célebre entonces, en 1946, porque en él acababan de tener lugar unas pruebas nucleares) parece indudable que en esta elección debió de pesar no poco el hecho de que la sílaba “bi” aluda, en la mayoría de las lenguas cultas, a la dualidad, a lo binario; por lo que una palabra que la incluyese forzosamente debía de parecer idónea para denominar a la prenda binaria por excelencia, la que, como la filosofía platónica, apunta mejor que cualquier otra a las dualidades fundamentales por las que se rige nuestra complicada manera de estar en el mundo: la genitalidad, por un lado; por otro, la conversión en objeto de deseo de la mera belleza simétrica, la geometría, la sugerencia de calor, la exposición de partes sensitivas…

El aniversario del bikini, en fin, hubiera sido una estupenda “serpiente de verano”. Porque éstas, para funcionar, necesitan tocar alguna fibra sentimental o sensorial de los lectores. Y si el monstruo del lago Ness, que ha dado nombre a este peculiar fenómeno informativo, resulta imbatible, es porque nos retrotrae a la infancia, a la época en que los monstruos no dirigían ofensivas militares ni traficaban con seres humanos, sino que se revestían de escamas verdes y echaban fuego por la boca. Con los aniversarios pasa lo mismo: celebraremos eternamente el de la guerra civil o el de la invención del bikini porque, de alguna manera, remueven periódicamente nuestra memoria sentimental, ya sea la parte de la misma que contiene sentimientos de irredención política, o la que alberga preferentemente memorias sensuales, playas donde las primas mayores estrenaban aquella prenda absurda que, más que cubrir, delimitaba zonas de curiosidad y morbo.

Y qué pena que los periódicos tengan otras cosas de las que hablar, incluso en agosto.


J.M.B.A.
Publicado ayer en Diario de Cádiz

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