sábado, agosto 12, 2006

TRAYECTORIAS

Hojeo con placer, como siempre, el último número de la revista Númenor. Y, como siempre, me asalta la misma idea: estos jóvenes (los mayores deben de andar por los treinta y pocos) se han nutrido de lo que muchos lectores de mi edad descubrimos tardíamente y leímos con no pocas prevenciones: Tolkien, Chesterton, C. S. Lewis... Para nosotros, fueron un punto de llegada, una llamada a la reflexión y una reconciliación con algunas cosas que habíamos ido dejando de lado en una trayectoria formativa forzosamente marcada por los prejuicios de una época especialmente pródiga en ellos. Es decir, empezamos leyendo a Hauser, a Adorno, a Reich (los habíamos heredado, vaya, de nuestros mentores y nuestros primos mayores, que eran los que nos prestaban los libros) y hemos acabado sintiendo una honda simpatía por las ideas de, pongamos, C. S. Lewis. Toda generación, supongo, ha de recorrer un camino parecido, hecho de renuncias y rectificaciones. Y eso es lo que me pregunto siempre que hojeo la bella Númenor: a qué renunciarán estos jóvenes y en qué se refugiarán tras esas inevitables renuncias por venir. (Adelanto una respuesta previsible: ahondarán en esa tradición; bueno; pero que el camino se haga hacia abajo -es decir, en profundidad- no significa que no nos aleje del punto de partida, y que al final no nos reserve alguna sorpresa.)

3 comentarios:

Enrique Baltanás dijo...

Este post me ha dejado pensativo... Tan pensativo que no sé lo que pienso. Y no es broma.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A mí también me deja pensativo tu comentario. El mío, supongo, tiene un matiz elegíaco: cosas de la edad.

Carlos RM dijo...

Propongo a E.Baltanás que incorpore el comentario a sus jugosas volaterías estivales.