jueves, agosto 17, 2006

UNA FOTO











Chéjov y Gorki en Yalta, en 1900. No me gusta dármelas de fisionomista, y la verdad es que suelo hacer poco caso de la apariencia física de los escritores que admiro. No tengo ese fetichismo, y me irritan no poco esas biografías que intentan adjudicarle a algún retrato más o menos conocido del biografiado los rasgos morales que el biógrafo de antemano ha decidido que lo caracterizan.

Sin embargo, debo reconocer que, por alguna razón, me han llamado mucho la atención las fotos de Chéjov que he encontrado a lo largo de la relectura de sus obras que ando haciendo este verano. Ese aspecto de hombre desengañado, sonriente en medio de su pesimismo, elegante en su desaliño, seguramente modesto y capaz, como muchos tímidos, de alternar la discreción más absoluta con alguna que otra salida de tono tan memorable como certera... Quiero decir que, en este caso, las imágenes verdaderamente aciertan a poner rostro a una obra literaria que tiene precisamente esas características.

Pero me he parado en esta foto, en la que Chéjov (el de la izquierda) aparece en compañía de Gorki. Dos mundos literarios absolutamente contrapuestos: el sereno, dolorido, lúcido escepticismo del primero frente a la amañada moralina protocomunista del segundo. O, lo que es lo mismo, el gastado y discreto traje burgués del uno frente al disfraz de campesino del otro. La sonrisa tímida frente al gesto duro y cerrado. La frente relajada del que ya ha aceptado serenamente muchas cosas (entre otras, el carácter irreversible de la tuberculosis que padecía) frente al gesto fruncido y obstinado... Dos mundos.


Y, sin embargo, fue Gorki quien acertó a dar uno de los mejores retratos morales de Chéjov: "Un médico que recorre un hospital lleno de enfermos, sabiendo de antemano que no hay medicinas para todos y dudando, incluso, de que esas medicinas pudieran servir de algo" (cito de memoria).

Gorki era de los que pensaban que había medicinas para todos, y que éstas servían. Aunque hubiera que obligar a los enfermos a tragárselas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta el artículo. Auténtico análisis de la cultura. Espero que en este siglo salgamos de los catecismos políticos que caracterizaron al anterior.