miércoles, septiembre 20, 2006

INAPELABLE

La exhibición corporal suele responder a un código tan estricto como el que rige el pudor. Y lo que verdaderamente molesta, o inquieta, de ambas conductas es que las más de las veces presuponen un juicio de valor precipitado, y con frecuencia inapelable, sobre el espectador.

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Tardo cuarenta y cinco minutos en recorrer unos pocos cientos de metros en el centro de la ciudad. Encuentros con gente, cada uno portador de sus historias. Y algunas conclusiones que se imponen por sí solas: a) aquí todos nos conocemos demasiado; b) aquí todos dependemos demasiado de los otros; y c) si fuera al revés, daría exactamente igual.

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Esa indiferencia que sientes hacia gente que, con el reloj y el calendario en la mano, comparte contigo más tiempo que tus allegados más inmediatos. Veinte, treinta años sin intercambiar otra cosa que unos "buenos días". Y que, al menor altercado, se convierten en veinte o treinta años de testimonios inapelables (es la segunda vez que aparece esta palabra en esta entrada) contra ti.

3 comentarios:

conde-duque dijo...

Eso daría para elucubrar bastante sobre la relación entre la Transición y el Destape, pero no tengo fuerzas ahora... Sólo lanzo la idea.

JLP dijo...

No puedo estar más en desacuerdo, tanto si se trata del pudor como de la "exhibición corporal". El comentario puede servir para algunos casos concretos pero de ningún modo en general. Sirve sólo para los casos en que existe un problema de auto-estima o de otro tipo, que se manifiesta en el exhibicionismo inadecuado o en el pudor excesivo. La mayoría de las personas, digamos "normales", son impúdicas o pudorosas de una manera natural.
Aparte de eso, regreso del verano y sigo siendo fiel lector. Abrazos.
JLP

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Quizá pudiera restringirse el alcance de mi comentario. Pero en absoluto creo que el comportamiento que pretende describir sea cosa exclusiva de exhibicionistas o "anormales". Por otra parte, que una conducta no sea intencionada no significa que no sea intencional.

Admito, en cualquier caso, que mis comentarios abusan, en general, del procedimiento de extraer conclusiones demasiado generales de experiencias demasiado particulares. Pero, si uno no puede permitirse ese lujo en un dietario personal, ¿en qué otro sitio va a permitírselo?

Bienvenido de nuevo, amigo JLP.