jueves, septiembre 21, 2006

LA HUELLA

En un bar al que solía ir hace años, recuerdo, tenían la costumbre de anotar con tiza las deudas de algunos parroquianos. De vez en cuando, sobre aquellas sartas de cifras aparecía una tachadura redentora, con la que quedaba saldada la deuda. Algunas jamás se saldaban, y crecían y crecían hasta cubrir la distancia que iba desde donde alcanzaba el brazo del tabernero hasta el mismo suelo. Había una, en concreto, que ya había echado raíces cuando empecé a frecuentar el local. La coronaba, como era costumbre, el apelativo del deudor: un tal Maline. El hecho de que la cuenta permaneciera inalterada indicaba, tal vez, que el tal Maline ya no iba por allí; e incluso que quizá hubiera muerto. Pero ahí estaba su historia, escrita en enigmáticas cifras de dos o tres dígitos, algunas moderadas, otras no tanto: tras unas cuantas anotaciones comedidas, digamos, las siguientes seis o siete cuadruplicaban o quintuplicaban la cuantía de las anteriores. Al verlas, se preguntaba uno si no sería el propio tabernero quien estaba expansivo esos días en que, contra toda lógica, ampliaba el crédito de Maline; y si era el propio Maline quien trasegaba todos aquellos vasos de vino, sintiendo un secreto orgullo al ver su hazaña coronada por una nueva anotación en la fatídica columna, como si intuyera que ésa iba a ser la única señal visible de su paso por la tierra.

Me acordé de esta historia al leer, hace unos días, que nuestras búsquedas en Internet quedan registradas con la misma minuciosidad con que aquel tabernero anotaba las deudas de Maline. Y que ese rastro delator constituye una apetitosa fuente de información para quienes desean meter la nariz en nuestros asuntos. Lógico: esas búsquedas, atendidas por Google, Yahoo y compañías similares, responden casi siempre a impulsos muy concretos: si queremos viajar, buscamos información sobre nuestro destino y sobre los medios para acceder a él o alojarnos allí; si estamos amueblando una casa, entramos en las páginas de los comercios dedicados a cubrir esa necesidad; y si necesitamos compañía, acudimos allí donde la ofrecen a la medida exacta de nuestros requerimientos y fantasías. Y todo queda grabado, a disposición de no sabemos quién, igual que las cuentas de Maline quedaban a la vista de toda la clientela de aquel bar.

Y, sin embargo, hay cierta grandeza en esta capacidad del hombre de retratarse en su rastro. Somos lo que dejamos atrás, y cualquier registro de nuestra actividad, a poco que se examine, acaba arrojando indicios de nuestros deseos, limitaciones, transgresiones. Es un riego, claro. Pero, sabiéndolo, a mí también me llena de un secreto orgullo saber que tecleo “Nicole Kidman”, por ejemplo, pulso la opción “Búsqueda de imágenes” y ahí queda, para quien quiera examinar el dato, un apunte de la clase de sentimientos que pasaron por mi mente una olvidada tarde de septiembre.

J.M.B.A.
Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

Belfagor niño dijo...

Seguro que sabiendo ejecutar las operaciones precisas aquellos números de la cuenta de Maline revelarian su posicion exacta en el universo...
Me ha conmovido tu articulo, jodio.

Antonio Jiménez Morato dijo...

En el barrio donde me crié había un par de bares donde nos dejábamos las pestañas, las pagas y los hígados, y había también una lista de morosos.
El encargado pensó en colocarla en público, como si se tratase de un escarnio, una picota que todo cliente podía observar. Me preguntó qué me parecía la idea -yo era de los que rara vez estaba en esa lista, porque seguía el extraño rigor de no bajar al bar sin tener dinero para pagar lo bebido- y le dije que, tal y como eran los parroquianos, en vez de pagar para desaparecer de la lista dejarían más a deber para estar los primeros.
Creyó que era un exagrado y colgó la lista, estaba junto a la tabla de precios, y no sólo yo tenía razón sino que hubo algunos que siempre habían pagado lo suyo y que dejaron de hacerlo porque era la única manera de estar en la lista.
Gracias por el cuento, lo vi ayer porque se había quedado en la carpeta de SPAM, apenas lo cualque te mando un correo para avisarte.
Un abrazo.