miércoles, septiembre 06, 2006

PUNTOS

Recuerdo a una medio novia mía que, cada vez que yo revelaba alguna faceta de mi carácter que no casaba con sus expectativas, me decía: “estás perdiendo puntos”. Como quiera que muchas de esas expectativas suyas se referían a la vigencia de ciertos tópicos entonces en boga, esta salida de tono me causaba una impresión ambigua: me desesperaba, por una parte, porque no veía el modo de recuperar los “puntos” perdidos; pero, por otra, me llenaba de un secreto orgullo: el de la disidencia. En cierto modo, no he hecho otra cosa que “perder puntos” desde entonces. Casi se podría decir que escribo para perder puntos; y que, si algo le debo a esa chica, y a otras, es esta voluntad algo suicida de tirar puntos por la borda a cambio de reafirmarme en mi modo de pensar.

Por eso me ha llamado tanto la atención que el balance de incidencias de tráfico de este verano incluya también el total de puntos perdidos por los conductores en las infracciones detectadas: consecuencia lógica de la implantación de un nuevo tipo de carné de conducir que otorga a su titular una puntuación inicial, una especie de margen de confianza expedido por las autoridades, que irá reduciéndose conforme ese titular demuestre no estar a la altura de la responsabilidad contraída. Los primeros días de vigencia de este sistema, recuerdo, se asombraba uno de ver que nadie pasaba de los ochenta en ciertas carreteras donde hasta entonces todo el mundo rebasaba ampliamente los límites de velocidad establecidos: nadie quería “perder puntos”. Eso, por desgracia, ha durado poco: pasado el miedo inicial, los amantes de la velocidad han vuelto por sus fueros… Y lo que me pregunto, a la vista de los datos, es qué interpretación dar a esa cifra total de puntos perdidos, qué valor estadístico tiene, en quién redunda ese descrédito acumulado. Yo lo tenía más o menos claro: cada punto que perdía ante aquella novia potencial redundaba en mi descrédito y en mi reafirmación. Pero estos miles de puntos contabilizados por el Ministerio del Interior no sé muy bien a qué cuenta asignarlos: si demuestran una mayor eficacia de la policía o, por el contrario, prueban lo irreductible de ciertas idiosincrasias.

Por lo mismo, me llama la atención que se hayan detectado algunos casos de tráfico fraudulento de puntos: quienes no los necesitan, los venden al mejor postor. Y ha habido, leo, quien ha hecho que carguen a su abuela los puntos perdidos, pongamos, ante un control de velocidad por radar. Lo que, de todos modos, no influye en el resultado estadístico: esos puntos restados computan igual, la suma total no cambia.

Sí, la sociedad entera ha perdido algunos miles de puntos este verano. Y, como todos los años, un número considerable de vidas. El dolor por éstas debería ir aparejado a un cierto sentimiento de vergüenza colectiva. Pero la vergüenza no es fácil de cuantificar. Ni de repartir.

J.M.B.A.
Publicado ayer en Diario de Cádiz

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