jueves, septiembre 07, 2006

SÍNDROME

Eso de que el tiempo es circular es una chorrada. Las estaciones, los ciclos del año, las recurrencias de la vida son modos de segmentar, de hacer más manejable, esa horrorosa línea continua de tiempo acumulado que se inicia con nuestro nacimiento y termina donde todos sabemos. Pero la circularidad es también una ilusión confortadora: deseamos reinventarnos al inicio de cada ciclo, ser tan nuevos como la cuenta nueva que se abre cada vez. Deseamos presentarnos ante quienes ya nos conocían de ciclos anteriores como si fuésemos otros; o, al menos, como si nos hubiésemos renovado sustancialmente, y fuéramos algo así como una versión mejorada de nosotros mismos. Y, claro, no resulta. Es como cuando nos reencontramos con un pariente al que no vemos desde la infancia. Aunque hayamos llegado a ser, pongo por caso, prestigiosos ciéntificos, o estimados profesionales, o consumados hombres de mundo, este pariente no verá en nosotros más que al niño que se cagaba en los pantalones.

Algunos lo llaman "síndrome post-vacacional".

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