domingo, septiembre 03, 2006

TRÍO (4)

Cada vez que el cine español se empeña en hacer una "superproducción" histórica, resucita el fantasma de Cifesa. ¡Esa batalla de Rocroi rodada con cuatro extras! ¡Esos barcos de cartón que ni se menean! Tan españoles, en fin, como la melancólica bravuconería del capitán Alatriste.

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Stendhal, citado por Camba: "Los celos no son sentimientos de mujer rubia". Cada uno cita lo que le conviene. Por eso Camba cita a Stendhal (o a Heine, o a Daudet) y yo, en fin, al propio Camba.

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Solución para una tarde de domingo: The Crowd (1928), de King Vidor. Un título más para ese género de películas "sobre Nueva York" que he preconizado en alguna otra entrada. Y, sobre todo, una espléndida indagación en lo irreductible de nuestra soledad, en la imposibilidad de comunicar nuestro dolor o nuestras preocupaciones a la multitud que nos rodea, en la necesidad de defender el pequeño espacio íntimo que las circunstancias nos hayan deparado, por precario que éste sea.

Y qué bien le conviene el silencio, la gesticulación callada, a esta historia de insatisfacciones contenidas. Ante la fuerza, la expresividad de estas cintas mudas, la cháchara de la televisión, las bandas sonoras efectistas, las voces impostadas de los actores de doblaje se vuelven poco menos que insoportables. Cuando la película acaba permanecemos callados un buen rato. Nadie se atreve a romper este maravilloso silencio tan cargado de emoción, de vida.

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