lunes, octubre 02, 2006

AMUEBLAR

Quiere el azar que vuelva a ver la espléndida Fanny y Alexander de Bergman sin que se me hayan borrado del todo las sensaciones de una agotadora tarde de compras en Ikea. Cine sueco y diseño sueco (y, si me apuran, una también muy sueca impresión de hastío bien amueblado, de tedio envuelto en plumas de pato éider, de vacío existencial servido sobre maderas lacadas en blanco). Y el caso es que la coincidencia no es del todo improductiva: los confortables interiores de principios del siglo XX en los que transcurre la parte más optimista de la película se dejan explicar muy bien por el gusto cálido y sencillo de los muebles de la multinacional. Con una salvedad: lo que ahora destinamos a la sala de estar, en la película aparece confinado exclusivamente a las cocinas y a las habitaciones infantiles. De lo que podría derivarse toda una historia social del siglo recién terminado: el periodo en el cual las cocinas invadieron los salones, y en el que los adultos reclamaron para sí el blanco sueño protegido de los niños... Quienes saben más (el malvado padrastro de Alexander, el resolutivo amante judío de la abuela) han escapado a las dos negaciones posibles de ese confort: la desnudez de un viejo palacio episcopal, el abigarrado horror vacui de un almacén de antigüedades.

De lo que se deduce casi un eslogan (que desde aquí ofrezco, por una módica suma, a la multinacional): amueblar es hacer habitable la vida.

3 comentarios:

el capador de Turleque dijo...

No es un slogan muy zen que digamos

Ramirez "El antipático" dijo...

Este fin de semana he leido sus dos novelas. Me ha parecido bien, muy bien. Simplificando diré que me recuerda algo entre Baroja y Murakami. No se que tal le sentará esta comparación pero la intención es halagüeña. Mas la parte Murakami que la Baroja que siempre me ha parecido tener un tufillo a meados de viejo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Le agradezco el comentario, que efectivamente me parece muy halagador, incluyendo la matización respecto a Baroja, de quien hay mucho que aprender, pero de quien también hay que saber precaverse (como de casi todas las influencias contagiosas: Borges, Cortázar, etc.).

Ojalá le llegara el comentario a mi editor, que no está muy contento que digamos con los ruinosos resultados de ambas novelas.