viernes, octubre 13, 2006

CONSPIRACIONES

Quién no tiene un cuñado, un primo, un compañero de trabajo, etc., partidario de las teorías conspirativas. Y quien no los envidia: qué certeza, cuánta seguridad exhiben cuando explican los motivos ocultos de esto o aquello. Afirmar ante ellos que las cosas suelen ser lo que aparentan casi resulta una temeridad. En el mejor de los casos, menearán la cabeza y, tras carraspear un poco y, quizá, echar una ojeada alrededor para estar seguros de que no hay espías o micrófonos escondidos, pasarán a explicarte la intrincada realidad de los hechos. Hace años, recuerdo, un conocido mío se empeñaba en demostrarme que la realidad no era lo que veíamos, sino lo que ocultaba una espesa trama urdida por los curas, los militares, los capitalistas y los americanos. Luego ese conocido mío se afilió a una secta espiritista y emigró a Brasil, por lo que no sé si su visión del mundo ha evolucionado desde entonces o sigue fiel a su vieja esencia conspirativa; aunque, dado el nuevo entorno, supongo que los curas vestirán sotanas blancas, y los capitalistas y agentes de la CIA implicados irán en guayabera... Yo nunca encontraba argumentos que oponer a sus elucubraciones. Asentía siempre, un tanto avergonzado de mi falta de perspicacia, o intentaba una sonrisa cómplice, como queriendo dar a entender que yo también estaba “en el secreto”.

Me sigue pasando lo mismo. Hago un trayecto con uno de esos taxistas que acusan a los poderes públicos de haber urdido las más fantásticas conspiraciones y, a pesar de que sé que mi condición de cliente me da derecho a exigir que no me atosiguen con discursos que no quiero escuchar, me callo y asiento, y hasta arriesgo alguna tímida muletilla para que el hombre no crea que no le sigo. Y es que, ya digo, en estos casos uno se siente siempre en inferioridad. Porque, frente a la poca remuneradora creencia de que el azar, las casualidades, la fatalidad y la relativa indefensión en que vivimos juegan un papel decisivo en las cosas que suceden, es casi una ventaja estar seguros de que éstas responden a planes misteriosos, casi siempre amparados por las altas esferas y, por lo general, perfectamente opacos a cualquier investigación. Les pasa a quienes profesan estas seguridades lo que a los niños que creen en los cuentos de hadas: pasan mucho miedo, sí, pero creen en algo así como en un orden mágico del mundo, en el que no hay lugar para los imprevistos. Y nadie les sacará de su creencia: ni el juez que dilucide los hechos en cuestión, ni la prensa, ni el sentido común.

Eso sí: como los niños, un día despertarán de su sueño y verán que ya no les asiste la fantasía. Y ese día, qué duda cabe, se sentirán muy desgraciados, pero también tendrán la certeza de que el mundo, en su imprevisibilidad, es un lugar más habitable.

La otra posibilidad, la de que sean ellos quienes tengan razón, no quiero ni planteármela.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

8 comentarios:

RM dijo...

Comprueba en clase, Jose Manuel, cuántos de tus alumnos no se creen que los americanos llegaran a la luna...

Y luego compruébalo con el claustro de profesores también :O

Ramirez dijo...

Hay quienes alertan sobre conspiraciones en las que ni siquiera creen. Probablemente haya una conspiración detrás de esto. Seria partidario de una solución quirúrgica para acabar con ciertos creadores de información, por cierto, ya mencionados en este blog.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

En cuanto a lo de la luna, lo haré, amigo RM. Eso sí, cuando encuentre un pretexto adecuado, para no dar pie a que los partidarios de las teorías conspirativas (también los hay entre los adolescentes, y no digamos entre los docentes) sospechen que hay algo raro detrás de mi pregunta.

Lo de las "soluciones quirúrgicas" me da miedo, amigo R.

Eddie dijo...

Un buen pretexto para hablar de desmontar los mitos de los "conspiranoicos" es ponerles el falso documental El lado oscuro de la luna (2002), de William Karel (francés), que en buena medida alentó en su salida la renovación de muchas de estas teorías sobre la no-llegada del hombre a la luna. Fijo que más de uno de tus alumnos sale desilusionado, y hasta cabreado, de la proyección del documental, que por otra parte es bueno para ver en una clase, ya que sólo dura 52 minutos.

Ramirez dijo...

A mí lo que me da miedo es que se digan ciertas cosas en la radio y los intelectuales con la boca callada. Pronto aceptaremos que el referéndum para la reforma política fue un golpe de estado. Alguien reivindicará la legitimidad del régimen de Franco frente al actual y habrá millones haciéndole coro. Eso si da miedo.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Creer en las conspiraciones da mucha seguridad en uno mismo. Por cierto, que últimamante se anda dando el nombre de teorías conspirativas a lo que no es sino formulación de preguntas, expresión de dudas, constatación de falsedades. Saber descalificar con arte también da mucha seguridad en uno mismo. O eso se pretende.

ramirez dijo...

Entonces decir "Zapatitos es un golpista" es hacer una pregunta o descalificar con arte. No creo que el "artista" que tales cosas ha dicho pase de gárrulo garrulo, el pobre. Alguien deberia regalarle unas gafas...de buceo.

Jesús Sanz Rioja dijo...

¿Quién es Zapatitos?