jueves, octubre 26, 2006

ENTRE DOS CHAPARRONES

En la estación de autobuses. En su minuto de descanso, los conductores suelen bajarse por la puerta de los pasajeros y cerrarla desde fuera mediante un botón alojado tras la tapa del motor. Menos uno que, lo he visto hoy, activa el cierre desde dentro y, literalmente, da un salto para ganar el exterior antes de que la puerta termine de cerrarse. Si alguna vez le falla el impulso o calcula mal, la puerta le partirá el cuello. Pero qué magnífica ocasión para competir contra los ritmos mecánicos, para ponerse a prueba, para retarse a uno mismo.

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Este sol bobo (el adjetivo es de García Márquez) que luce entre dos chaparrones. Su luz es de la infancia. Y de la infancia es esta sensación física de opresión y melancolía.

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A las victorias parlamentarias por los pelos les pasa lo que a los aprobados justitos: sirven para salvar la cara, sí, pero no demuestran nada, ni avalan a nadie, ni tranquilizan, ni convencen.

1 comentario:

Ramirez dijo...

Con los parlamentos que padecemos a mi no me tranquilizan ni las victorias por los pelos ni las amplisimas mayorias. Puede que estas me den mas miedo.