viernes, octubre 06, 2006

HORARIOS

Existe el derecho al horario; es decir, el derecho a saber cuánto tiempo hay que trabajar, a qué hora se empieza y a qué hora se termina. Cuando veo a alguien que carece de estas referencias elementales, lo compadezco: su empresa abusa de él, y supongo (quizá sea mucho suponer) que habrá leyes que lo amparen si decide denunciarla. Pero, igual que creo en este derecho a gobernar el tiempo propio, pienso que sería conveniente que quienes viven de atender a los demás regulasen sus horarios para poder cumplir este servicio adecuadamente. En la propia administración, hay oficinas, departamentos, oficinas y negociados que, pese a prestar servicios imprescindibles, están vedados al común de los mortales: nadie que trabaje, pongamos, de ocho a tres puede realizar una gestión en un negociado que sólo atiende al público de diez a una.

Pero no pretendo sugerir aquí una reforma de la administración. Mi cuita tiene un origen más modesto. El bar en el que suelo perder una media hora al mediodía, a la salida del trabajo, mientras espero a las personas con las que hago el trayecto de vuelta a casa, ha decidido acortar sus horarios. Antes llegaba uno a ese bar a eso de las dos y media y podía tranquilamente tomarse una cerveza hasta las tres. Lo que sucedía luego en ese bar nunca llegué a saberlo. No servían comidas, así que es muy probable que cerrase al poco tiempo de marcharme yo. Pero para mí cumplía admirablemente su función: proporcionar refugio al desocupado, ofrecer una tribuna desde la que ver pasar la vida y los transeúntes, deparar una ilusión de tiempo detenido a quien, hasta el momento mismo de ocupar su silla, era uno más de esos tipos que se apresuran camino a ninguna parte, absortos en sus asuntos… Ha debido de haber una revuelta del personal, una revolución silenciosa, un golpe de estado interno en ese pequeño universo de treinta o cuarenta metros cuadrados con terraza. Ahora cierran a las dos, como bien sabemos las almas en pena que nos hemos quedado sin amparo en la que, en estas circunstancias, es sin duda la hora más desabrida del día.

Sé que, desde hace algún tiempo, funciona una comisión ministerial con la función de proponer reformas para racionalizar los horarios. Entre sus propuestas, creo recordar, figura la de acortar la hora del almuerzo, la de hacernos comer de pie en la barra de un bar para seguir rindiendo hasta las cinco o las seis. A eso lo llaman “adecuación a los horarios europeos”. Pero yo les pediría que se ocuparan de otras cosas. Que impusieran cordura en esta terraza mía, que decretaran la tolerancia generalizada con los desocupados (aunque sólo lo sean, como yo, por un breve intervalo), que hicieran público un bando que proclamara la bondad de los ratos muertos, la santidad de los mirones, el carácter civilizador de la cerveza sorbida con la adecuada lentitud.
Y que se dejen de tonterías.
Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

6 comentarios:

"El escara" dijo...

¡Por los clavos de Nuestro Señor "El salvador"! ¡Cuanta cordura! Amen a eso estimado Jose Manuel, Amen a eso.
Por cierto ¿Que coño pinta un bar cerrado a las dos? Que raros sois en las capitales excentricas.

¡Ah, claro!...

Escara otra vez dijo...

Para finiquitar el dichoso tema de "las provincias" Me atrevo a recomendarle, por si no lo conoce, un libro que hará sus delicias, ya que le da la razón a usted con cierta gracia. Gracia renacientista, eso si. Se titula "BERTOLDO,BERTOLDINO Y CACASENO" de Giulio Cesare Croce. La edición que yo tengo es de finales del XVII (Espero encontrarla cuando me pongan un poco de orden en la biblioteca) pero estoy casi seguro de que existe una reciente, incluso creo que esta traducido al español.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Que un bar cierre a las dos tiene fácil explicación en el universo "provinciano" (el de provincias y el otro): el propietario ha decidido que lo suyo son los desayunos. Por lo mismo, conozco bares que cierran ostentosamente a las nueve o las diez de la mañana, y no vuelven a abrir hasta el mediodía: juzgan que atender a la variable clientela de la hora del segundo café no les resulta lo bastante rentable. Nadie logrará convencerles de que son estas rutinas las que, a la larga, resultan ruinosas. Y, créame, he conocido bares así en todas las latitudes.

conde-duque dijo...

"Un bando que proclamara la bondad de los ratos muertos, la santidad de los mirones, el carácter civilizador de la cerveza sorbida con la adecuada lentitud".
Lo subrayo de pe a pa, podría servirme de himno nacional,
El arribafirmante.

Marcos Isidro Rey-Fontanells y Rodriguez de Gullon "El Escara" dijo...

Lo se, Lo se, pretendia ser una inocente ironia "cum animo iocandi".
y a modo conciliador. Lo siento. Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Así lo he entendido, amigo Isidro. Un saludo.