martes, octubre 10, 2006

MALDITOS

¿Escribir bajo los efectos del alcohol, las drogas, las sustancias psicotrópicas? No, gracias. La inteligencia a secas. Y exprimirla lo que se pueda. Ya sé que eso tampoco garantiza los resultados. Pero peor era lo de cierto poeta que traté hace años, y que me contaba que su último poema le había costado dos botellas de whisky. Lo de menos era que el poema fuera malísimo, como el resto de su obra. De lo que sentíamos lástima, al escuchar la confidencia, era del hígado del sujeto en cuestión. Y de su mujer, que le aguantaba las borracheras. Y de los gastos que aquel hombre causaba a la seguridad social. Y hasta de nosotros, obligados por una extraña cortesía a asentir a esas confidencias no pedidas de quien se consideraba en situación de poder enseñarnos algo. Nos enseñó mucho, la verdad. Pero a su pesar.

Nunca he entendido del todo ciertos malditismos. Que, en los casos que realmente merecen la pena, casi nunca lo son. Ni siquiera Baudelaire era un maldito; sus malestares se debían, más que nada, a una lucidez preclara, poco dada a las transacciones con el entorno. Su defensa de la embriaguez obedecía, más bien, a la sospecha de que los permanentemente embriagados eran los otros, los que no se enteraban de nada ni entendían nada, pese a creerse siempre sobrados de razones. La modernidad no ha hecho otra cosa que ampliar el número de los satisfechos; hasta el punto de que ha creado la extraña categoría de los satisfechos de su insatisfacción, o los insatisfechos pagados de sí mismos. Frente a ellos, revestirse de malditismo casi resulta una ingenuidad. Ellos ya han hecho una pose del malditismo, y lo exhiben a conveniencia.

Quizá por eso siempre he admirado la "Filosofía de la composición" que Poe antepuso a "El cuervo". Él, que padecía una especie de predisposición orgánica a la embriaguez, defendió como nadie que los poemas nacen de los procesos conscientes del intelecto, de la inteligencia activa. Mentía, claro, o no decía del todo la verdad. Ojalá todo fuera tan sencillo. Pero esa mentira suya todavía resulta más esclarecedora que muchas verdades contrastadas.

3 comentarios:

conde-duque dijo...

Cierto: para leer a algunos (estilo generación Beat) los que verdaderamente tendríamos que estar bebidos o fumaos tendríamos que ser los lectores.
El malditismo como tal no tiene nada que ver con la literatura. Se queda en mera pose, versión intelectualilla y prestigiosa de "Aquí hay tomate". Lo mismo pasa, en general, con la vida literaria, que mucha gente confunde con la literatura. Otra cosa es que nos entretenga...

conde-duque dijo...

Ahora ya me podéis pegar...

La Fanfarlo dijo...

Me parece pintoresca esta tendencia tan usada hoy en día de desmitificar cualquier cosa que ayude al desmitificador a sentirse mas “guay” e inteligente. Entonces se dice que tal cosa es para adolescentes que tal otra es pura pose, que drogarse es de bobos y feos... Yo creo que todo eso puede resultar consolador para el desmitificador, pero al final la inteligencia se tiene o no se tiene(como la belleza) y queriendo camuflar las carencias sólo se consigue evidenciarlas. Algunos, los que somos bellos pero tontos, exhibimos gustosos nuestra triste condición limitándonos (como en el oeste) a desechar la historia cuando esta se ha convertido en leyenda. A los que no entendemos mucho de literatura, nos encantaría tener una botella de coñac medio llena sobre la tumba, o enloquecer con absenta, fumar opio, matar a ostias a una puta, vender armas en África, ser amantes de Goebles, o hacernos el seppuku, con tal de ser poetas, cineastas o pintores malditos. Nada importa que con el transcurrir de los años unos expertos lectores descubrieran tras un concienzudo estudio que todo es mentira y que en realidad Mishima murió de resfriado en la cama, Bécquer de tuberculosis y Rimbaud de paperas y que Jean Genet era franciscano y la Rienfesthal ama de casa sefardí y que su obra nada tiene que ver con sus prosaicas existencias. Pero claro, la mayoria de los que compramos libros no somos intelectuales, a penas sabemos leer pero la pasta nos la gastamos bien y tenemos mucha.