miércoles, octubre 11, 2006

OTRA PLAZA

Dependiendo del contexto, lo mismo podrían pasar por delincuentes que por músicos de rock o directores novísimos de cine español. Sin embargo, bajo esta luz bondadosa de las tardes de octubre, revelan a las claras lo que son: hombres maduros atrapados en alguna encrucijada sociológica o ideológica, contestatarios apacibles, eternos jóvenes que han pasado ya de los cuarenta, e incluso de los cincuenta, y no conciben otra indumentaria que unos vaqueros ajustados y una camiseta nihilista... La aparición de botellas de cerveza a esta hora temprana resulta un poco chocante: todos nos hemos dejado ganar en cierta medida por el puritanismo higiénico que proclaman las autoridades. También choca la presencia de niños, algunos muy pequeños, y de mujeres sorprendentemente guapas, e incluso jóvenes, en medio de una cierta decrepitud general alegremente asumida. Son las gentes del barrio. O, más bien, gentes venidas de muchos barrios a reunirse en esta plaza y sentir el placer del gregarismo. Se saludan con forzada efusividad, ocupan sus asientos, beben de su litronas, se sumen en sus respectivos silencios, que sólo a veces rompen para añadir un comentario lacónico a la conversación que heroicamente sostienen los más despiertos.

Los miro con simpatía. Son supervivientes de algo, aunque no sé muy bien de qué. Y llevan sus naufragios con dignidad y hasta con cierta elegancia desgarbada. Qué antiguos son; ellos, que siempre se creyeron tan modernos. Qué conservadora, e ilusa, su esperanza de que esos pocos niños que corretean a su alrededor mantendrán encendida su particular antorcha. Qué tarde como de hace treinta años.

1 comentario:

Belfagor/Fanfarlo dijo...

Lo suyo empieza a alcanzar dimensiones obsesivas. No me preocupa tiene toda la pinta de pose adolescente. Aunque no fuera así tampoco me preocuparia. Lo cortes no quita lo valiente: aunque algo enfermizo (en el fondo es usted un maldito) en el contenido sus escrituras me parecen exquisitas, delicias de gourmet.