jueves, octubre 19, 2006

UFANÍA

No, no se fía uno de este mar de hoy. Es como esos borrachos violentos que, al día siguiente, fingen no acordarse de nada y actúan con el mayor comedimiento del mundo.

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Queda demostrado que, para mantener el mundo más o menos bajo control, hacían falta dos potencias. Una sola no da abasto.

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Encuentro con un amigo pintor. Demacrado y ufano, después de haberse pasado la noche tomando copas con una vieja gloria de los ochenta que ahora expone en nuestra ciudad. Mi amigo es mucho mejor pintor que este fantoche, y lo sabe; pero las promesas y reconocimientos mutuos efectuados bajo la influencia de las copas lo obligan a rebajar considerablemente su escala de medir: esas promesas, esos reconocimientos, sólo tienen algún valor en la medida en que él esté dispuesto a otorgárselo al otro. Posiblemente, no sacará nada de esta aventura, aparte de un monumental dolor de cabeza. Pero podrá contar a sus nietos que hizo de Virgilio en el periplo de aquél por el modesto infierno de la noche gaditana, que estrechó su mano y le regaló su catálogo. Comprendo su ufanía, comprendo que su afán de reconocimiento se conforme con estas pocas monedas de fácil cortesía, arrojadas a fondo perdido. Y siento una extraña conmiseración por él.

1 comentario:

conde-duque dijo...

Es lo que tiene el prestigio de la "Cultura", que hasta sus víctimas (los olvidados) también se dejan embobar por él. Supongo que los únicos que no se dejan dominar son los muertos o los aún no nacidos.